Marketing y Publicidad

Adiós al director creativo que se comporta como una

Es hora de que los endiosados creativos bajen del olimpo publicitario

Dueño de poder ilimitado y de un salario de muchos ceros, el nocivo director creativo que tiene el estatus de "rockstar" cree que todos (absolutamente todos) deben rendirle pleitesía.

creativosMuchos de quienes se desempeñan profesionalmente en las agencias de publicidad (y están además ungidos con el título de director creativo) se consideran a sí mismos "rockstars" intocables cuya genialidad debe ser reverenciada hasta la náusea y cuyos desmanes (que se salen a menudo de madre) son invariablemente disculpados por tener el estatus de (pseudo)dioses.

La noción de que los creativos están condenados a ser deidades supurantes de despotismo y de males modos lleva apalancada en la industria publicitaria desde hace décadas.

Los venerados (no siempre merecidamente) directores creativos reciben tradicionalmente salarios de muchísimos ceros, son agasajados con muchísimo poder y se le colma de lisonjas y de libertad a discreción para dar rienda suelta a su ego (tan grande que no les cabe en el pecho).

Pero, ¿acaso el mito (certerísimo) del creativo "rockstar" es una excusa para defenderse de comportamientos a todas luces inadecuados?, se pregunta Melanie Welsh en un artículo para Campaign.

Si a los directores creativos se les ha endilgado el sambenito de estrellas del rock es porque otros se han encargado de mimarlos, claramente en exceso, durante años.

Delante de un cliente un director creativo debe comportarse como un genio de cualidades rayanas con el misticismo y capaz no solo de resolver el "briefing" más enmarañado sino también traer la paz al mundo (como poco).

Afortunadamente no todos los directores creativos (o en su defecto creativos senior) caen en el tópico del "rockstar" tirano y consentido que trata mal a todo el mundo excepto a sí mismo. Algunos directores creativos se toman la molestia de salir de vez en cuando de la burbuja publicitaria y no caen en la tentación de referirse a sí mismos en tercera persona (para adjudicarse así más importancia de la que realmente tienen).

La idea del director creativo insoportablemente endiosado echa anclas en la estructuras jerárquicas y patriarcales de las agencias

Aun así, y pese a hay lógicamente excepciones la norma, la figura del director creativo que se comporta más como una estrella del rock que como un profesional de la publicidad ha sido y sigue siendo extraordinariamente pervasiva. Al fin y al cabo, la industria publicitaria ha estado a merced durante años de sistemas jerárquicos y patriarcales, indica Welsh.

Cuando a un grupo selecto se le otorga tantísimo poder, es muy probable que alguien termine sobrepasando ciertas líneas (que no deben rebasarse) y contaminando de inseguridad la atmósfera laboral en la que se desenvuelve.

La ironía es que tener un líder (ya sea hombre o mujer) con complejo de dios no hace solo pupa al negocio puro y duro, inflige también gravísimos daños a la creatividad. Numerosos estudios han demostrado que los líderes que actúan con humildad se las ingenian para inspirar más a su equipo y cumplir mejor los objetivos que se han marcado que los líderes ajenos a la modestia y rebosantes de soberbia.

Por fortuna las cosas están cambiando poco a poco y la arrogancia y la petulancia no se perdonan ya así como así por aquello que son parte del denominado "temperamento creativo".

Las agencias deben evolucionar, empoderar a sus empleados y dejar de inflar los egos (y las carteras) de solo unos pocos.

Es cierto que las jerarquías no se han evaporado aún de las agencias, pero tales jerarquías son más inclusivas, diversas e igualitarias (y no dudan en echar a escobazos el "bullying", el acoso y otros comportamientos abusivos de sus dominios).

Puede que el creativo "rockstar" no haya muerto aún del todo, pero ha perdido a buena parte de sus enfervorecidos fans, concluye Welsh.

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