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La era de Mad Men (y su testosterona) han muerto

Escribiendo el obituario de la era de Mad Men (y sus intocables machos alfa)

La era de Mad Men en las que los "machos alfa" hacían y deshacían en las agencias (y sus fechorías quedaban impunes) ha pasado a la historia.

mad menDurante los últimos meses varios publicitarios de muchísimo relumbrón se han visto obligados a dimitir por comportamientos inadecuados y huérfanos de todo sentido de la ética.

¿Lo más sorprendente del incansable desfile por la guillotina de tantísimos prebostes de la industria publicitaria? Que durante años a pocos pareció molestarles la actitud de machos alfa de muchos de los que hoy son colocados frente al cadalso para morir profesionalmente.

Hace diez años el mundo entero jaleaba a los arrogantes y machistas publicitarios de la serie Mad Men. Y el cliché (convertido en verdad absoluta) de la escena publicitaria gobernada por hombres fue aplaudido por muchos.

No pocos querían mirarse en el espejo del ambicioso protagonista de Mad Men, Don Draper, un hombre rebosante de testosterona, dominante y con ademanes de Don Juan, señala Bärbel Unckrich en un artículo para Horizont.

Quienes hace diez o quince años se paseaban por las agencias con actitudes similares a las de Don Draper se las ingeniaban para quedar totalmente impunes. Por aquella época quienes topaban con bruces con clones de Don Draper preferían hacer la vista gorda y mirar hacia otro lado (con poquísimas excepciones a la norma).

Una de esas excepciones es Neil French. En 2005 French tuvo que renunciar a su cargo de worldwide creative director de WPP tras ser acusado de misoginia.

Trece años después se están produciendo en cascada múltiples dimisiones de creativos y ejecutivos vinculados a la industria publicitaria (y el motivo es su mal comportamiento).

La semana pasada, sin ir más lejos, tuvieron que renunciar a sus respectivos cargos Tham Kai Meng, director creativo global de Ogilvy, y Jeremy Perrott, CCO global de McCann Health.

Antes que las de Meng y Perrot rodaron las cabezas de Martin Sorrell (CEO de WPP), Ted Royer (director creativo global de Droga5), Joe Alexander (CCO de The Martin Agency) y Gustavo Martínez (CEO global de J. Walter Thompson).

Las acusaciones que pesan sobre estos gerifaltes de la industria publicitaria son de diferente naturaleza y van desde el acoso sexual a las descalificaciones verbales pasando por la malversación de fondos.

Pero, ¿por qué han caído tan destacados “mandamases” precisamente ahora? Su caída en desgracia ha tenido lugar (no por casualidad) en un momento en el que la publicidad está viviendo en sus carnes una revolución de tintes absolutamente dramáticos, apunta Unckrich.

Los tradicionales modelos de negocio de las agencias están siendo cuestionados y son también objeto de acaloradas disputas (teñidas de despiadadas críticas) sus estructuras de trabajo, su cultura empresarial y sus valores (probablemente rancios).

En la última edición de Cannes Lions, antaño el epítome de la fiesta rayana con el desfase, se ha puesto el acento en temas como la igualdad de género, la diversidad y la publicidad de carácter social. Y aquello en torno a lo que de verdad pivota la publicidad (el consumo y las ventas) se ha dejado completamente en un segundo plano.

Casi pareciera que a los publicitarios les avergonzase lo que ha sido siempre su día a día laboral (vender) y que, profundamente arrepentidos, hayan decidido volcar sus esfuerzos en salvar al mundo.

El “buenismo” que parece haberse instalado últimamente en la industria publicitaria no siempre es creíble (y tiene a veces mucho de fariseo) pero es completamente fiel al “zeitgeist” actual.

Puede que a muchos no les guste, pero la era de Mad Men, en la que la publicidad era llevada en volandas por la testosterona, ha tocado definitivamente a su fin. Y muchos de quienes, al cobijo de la alargada sombra de Don Draper, han cometido fechorías estén quizás temblando y reconsiderando un cambio de actitud (so pena de quedarse compuestos y sin trabajo). El “zeitgeist” manda y en él no hay cabida para los clones de Don Draper, concluye Unckrich.

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