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Nueve de cada diez anuncios llevan música. Es una forma de identificar a la audiencia con el producto, de llamar la atención, crear un determinado ambiente o simplemente generar sensaciones, pero ¿a qué precio? Pues depende de qué composición estemos hablando.

– Lo más caro en lo que a música publicitaria se refiere son las grabaciones originales de los artistas ya que para su utilización se pagan dobles derechos: derechos de autor a los creadores de la canción y derechos fonográficos a las compañías de discos. Sin embargo, el espectro de precios es muy amplio ya que depende enormemente de la importancia del artista y de la canción de la que se trate. Además, es muy extraño oír en publicidad canciones de grupos como Pretenders, que no se doblegan a ceder sus temas con fines publicitarios, como asegura Clifton Williams, director editorial de la productora de sonido Sintonía. «Los que más alto se cotizan son temas de los Beatles, por ejemplo, que han tenido muchos problemas para poderse licenciar en el pasado. El propio autor y la compañía de discos ponen unas tarifas muy altas», añade

– Algo más asequibles resultan los cover, grabaciones de canciones comerciales ya existentes utlizando voces distintas de la original. En este caso el anunciante paga tan sólo los derechos de autor, ya que no se utiliza la grabación de la discográfica. Por esta utilización, los autores pueden cobrar entre 12.000 y 18.000 euros, aunque la cifra se dispara hasta los 300.000 euros en algunos casos, sin contar con el proceso de producción que puede suponer otros 6.000 euros adicionales. Muchos anunciantes recurren así a grabaciones con voces muy similares a la original, pero a veces las versiones están limitadas. Por ejemplo, en algunos contratos para utilizar temas de Elvis Preysler las discográficas exigen voces femeninas, con lo cuál el tema queda alejado del original.

– La siguiente posibilidad es optar por una composición original, creada exclusivamente para el anuncio. Su misión puede ser actuar como logo sonoro, de modo que cada vez que el target oiga ese jingle o melodía, pensará inevitablemente en la marca. Conseguir o no este fin depende de la calidad de la música y de la repetición del anuncio. Según Clifton Williams, una grabación exclusiva suele rondar entre los 12.000 y los 18.000 euros, «dependiendo de si se graba con una orquesta sinfónica o con cuatro chicos tocando».

– Por último, se puede recurrir a la música de librería que pertenece a archivos sonoros desconocidos por el gran público, entre los que se puede escoger el más ajustado a los objetivos y tono del spot. Estos temas «enlatados» son los más asequibles y se mantienen en torno a los 600 a 1.200 euros.

Williams señala que las músicas más demandadas por los publicistas son los hits ya conocidos. «Lo más común es que la publicidad utilice temas de éxito para lanzar sus campañas o darles cierta notoriedad», afirma. «Permiten conseguir este resultado con un número mucho menor de pases que con una composición original al ser un tema popular como «Stand by me» o «My girl». Digamos que la reacción del que percibe el spot con la música ya conocida es mucho más rápida».

Aunque de manera menos habitual, últimamente también las discográficas están interesadas en que una sintonía aparezca en publicidad, para lanzar o relanzar un grupo uniéndolo a alguna imagen, como es el caso de conjuntos juveniles fácilmente identificables con marcas como Pepsi o Coca-Cola. Grupos como Hooverphonic, que suena en los anuncios de marcas como Repsol YPF, Toyota Avensis y Viceroy, deben buena parte de su reconocimiento entre el gran público a esta fórmula.

 

LOS PRECIOS TIENDEN A LAS TERMINACIONES PSICOLÓGICAS DE 0,5 Y 9 CÉNTIMOS DE EUROAnteriorSigueinteASESORAMIENTO GRATUITO SOBRE PROTECCIÓN DE DATOS

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