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Estilista de alimentos: la profesión más arrebatadoramente exquisita de la publicidad

estilista de alimentosPollos asados que hacen salivar al espectador cual perro de Pavlov, frutas y verduras sin mácula, cervezas que parecen gritar "bébeme"… ¿Por qué los alimentos y las bebidas que tanto se prodigan en la publicidad son tan apetitosamente perfectos? Porque detrás de ellos hay estilistas de alimentos que se preocupan de ponerlos "guapos".

Quienes ejercen esta profesión, probablemente la más sabrosa de la publicidad, preparan los alimentos y las bebidas para que durante la media hora o más que estos desfilan ante la cámara luzcan absolutamente perfectos. Y lo hacen echando mano de un sinfín de trucos.

Algunos estilistas de alimentos echan, por ejemplo, espuma de afeitar sobre la cerveza para que ésta luzca más apetecible ante la cámara. Otros untan yodo sobre el pollo asado para hacerlo más atrayente desde el punto de vista publicitario.

Otros trucos son, en cambio, mucho más naturales. Un pequeño pincel y un poco de aceite de oliva se basta y se sobran , por ejemplo, para añadir brillo a los alimentos, mientras que rociar un poco de agua es el ardid perfecto para añadir una nota de frescura a alimentos que no son quizás tan frescos como parecen en los anuncios.

Aun así, y pese a que muchos de estos trucos son bastante “inocentes”, cada vez más fabricantes de alimentos se niegan a echar mano de ellos y evitan manipular la imagen de sus productos en la publicidad. ¿El motivo? El “boom” televisivo de los programas culinarios, en los que los espectadores pueden apreciar día sí y día no la verdadera óptica de los alimentos. Al consumidor no es tan fácil como antes darle gato por liebre en la publicidad de alimentos y bebidas.

Para un estilista de alimentos lo mejor, más allá de los trucos, es trabajar con una buena materia prima. “Cuanta más calidad tiene la materia prima, más fáciles resultan los estilismos”, explica el estilista de alimentos Andreas Miessmer en declaraciones al diario Die Zeit.

¿Cómo se hace alguien estilista de alimentos, se preguntarán algunos? Lo cierto es que no existe ninguna formación como tal para esta profesión. La mayor parte de los estilistas de alimentos procede del universo de los fogones. Y otros muchos son fotógrafos profesionales que, por su afinidad con el mundo de la gastronomía, han terminado convirtiéndose en estilistas de alimentos.

No obstante, e independientemente de si cuenta o no con conocimientos fotográficos, es importante que la comunicación del estilista de alimentos sea lo más fluida posible con el fotógrafo.

Paciencia, precisión, disciplina, discreción y seriedad son el quinteto ideal de cualidades que debe atesorar un buen estilista de alimentos. En estos profesionales se valora también, y mucho, que tengan un profundo conocimiento del género humano y que tengan talento para improvisar.

Lo que está claro es la de estilista de alimentos no es ni mucho menos una profesión sencilla. “A veces hay que preparar un plato hasta tres, cuatro o cinco veces para conseguir el ‘look’ adecuado”, explica Miessner. A ello hay añadir el estrés, con el que los estilistas de alimentos están lamentablemente muy familiarizados. Las jornadas laborales de más de doce horas diarias no son ninguna rareza en el universo de los estilistas de alimentos. Y lo de trabajar los fines de semana desafortunadamente tampoco.

A pesar de todo, la profesión de estilista de alimentos trae consigo también un buen ramillete de ventajas: quienes la ejercen viajan muchísimo y su trabajo resulta tan creativo que es casi imposible aburrirse.

Otra ventaja es asimismo la de los honorarios, unos abultados honorarios de los que los estilistas de alimentos no tienen ni mucho menos motivos para quejarse. Un estilista de alimentos se embolsa entre 300 y 1.100 euros por día de trabajo. Eso sí, la mayoría trabaja como “freelance”.

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