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Por qué la eterna (y falsamente) joven industria publicitaria no quiere peinar canas

agencias¿Se ha parado alguna vez a calcular la edad media de la fauna que habita las agencias de publicidad? Si es así, probablemente la habrá sorprendido (o no) lo insultantemente jóvenes que son todos los tienen allí su hábitat.

Y es que nos guste o no, en las agencias de publicidad las canas y las arrugas parecen ser una suerte de proscritas. Al otro lado del charco, en Estados Unidos, la edad media de los empleados de las agencias de publicidad es de apenas 38 años. Y más de 60% de las personas que se desenvuelven laboralmente en la industria publicitaria tiene en 25 y 44 años. Hoy por hoy apenas el 5% de los trabajadores de agencias de publicidad tiene más de 50 años (y en la mayor parte de los casos no están adscritos a los departamentos creativos).

Azuzadas por sus clientes, a las agencias se les ha metido absurdamente en la cabeza que el target más valioso, aquel por el que merece la pena luchar a brazo partido, es el de los hombres y mujeres de menos de 35 años y se niegan a mirar más allá, explica Avi Dan en un artículo para Forbes.

Obsesionadas hasta la médula con los jóvenes, las agencias creen que, para conectar de manera verdaderamente efectiva con ellos, por sus oficinas deben desfilar única y exclusivamente personas de menos de 35 años.

¿El problema? Que puede que los consumidores jóvenes sean muy interesantes en clave marketera (eso nadie lo niega), pero ¿acaso lo son menos los “maduritos”?

Los denominados “baby boomers”, aquellos consumidores que tienen hoy en torno a los 50 y 60 años, serán en breve la mitad de la población de Estados Unidos. Y no sólo eso. Controlarán también el 70% de los ingresos generados por este país.

Aunque los publicitarios se hayan puesto la venda y no lo quieran ver, los “baby boomers” invierten dinero a manos llenas (más probablemente que los omnipresentes millennials) en coches, viajes y productos tecnológicos y representan el 50% del gasto en bienes de gran consumo.

Sin embargo, y pese a lo contundente de estos datos, sólo el 5% de la inversión publicitaria tiene a bien posar sus ojos en los consumidores “maduritos”.

Si bien los “baby boomers” son verdaderas máquinas consumistas, las marcas, y también las agencias, tienen miedo de dirigirse directamente a ellos por temor a pecar de “viejunas” e irrelevantes.

En las agencias de publicidad las personas mayores de 45 años no tienen cabida (inexplicablemente) por unas cuantas razones. En primer lugar, porque las agencias están convencidas de que “la experiencia es cara”. Y lamentablemente en un mercado cada vez más competitivo donde a las agencias no les queda otra que reducir costes, estás contratan a jóvenes que salen mucho más baratos que los publicitarios con años de experiencia sobre sus espaldas.

En segundo lugar, las agencias se niegan a tener a profesionales de más de 45 años en sus filas porque están convencidas de que son más sensibles al temido “burnout” que los más jóvenes. Y en tercer y último lugar, existe la falsa creencia de que los creativos “mayores” no se adaptan tan bien a los cambios tecnológicos como los jóvenes.

No obstante, y a luz de lo endeble de los argumentos que las agencias utilizan para cerrar la puerta en las narices a los persona de más de 45 años, éstas deberían atreverse, por fin, a lucir canas y arrugas (por su propio bien y por el bien del consumidor que también las luce).

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