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Marketing y PublicidadLuchar contra las "fake news" es también responsabilidad de los anunciantes

Las "fake news" y el "hate speech" son también responsabilidad de los anunciantes

"Fake news" y "hate speech": por qué la industria publicitaria no puede lavarse las manos

Los anunciantes y quienes toman decisiones en su nombre juegan un rol de primerísimo orden a la hora de parar los pies a dos de las grandes lacras del siglo XXI: las "fake news" y el "hate speech".

fake newsNo pocos anunciantes se abren paso (consciente o inconscientemente) con su publicidad en webs de extrema derecha que diseminan con suma insolencia por la red redes una auténtica letanía de «fake news» y promueven además un corrosivo discurso de odio.

Y aunque a veces se empeñan en mirar hacia otro lado, los anunciantes y quienes toman decisiones en su nombre juegan un rol de primerísimo orden a la hora de parar los pies a dos de las grandes lacras del siglo XXI: las noticias falsas y el «hate speech».

«Quienes toman decisiones en el plano económico tienen una arrolladora influencia. Con su dinero determinan, al fin y al cabo, en qué tipo de sociedad van a ofertar sus productos. Quienes se toman en serio su responsabilidad y rompen una lanza a favor de la libertad de prensa y de los medios independientes y batallan contra las noticias falsas deciden también en último término sobre el estado de nuestra sociedad«, enfatiza Julia Jäkel, CEO de la editorial alemana Gruner + Jahr (G+J) en un post publicado recientemente en LinkedIn.

Jäkel denuncia que lamentablemente a día de hoy numerosas empresas siguen anunciándose webs de extrema derecha como Breitbart y TheGateWay, dejando completamente en un segundo plano su responsabilidad corporativa.

Es hora de dar forma a la responsabilidad corporativa con el foco puesto en los medios

Hace ya algunos años la CEO de G+J se lamentó asimismo de que muchos anunciaban volcaban gran parte de sus presupuestos en Google, Facebook, Amazon y otros gigantes digitales y dejaban, en cambio, las migajas a otros medios que sí agasajan a la sociedad con contenido periodístico de calidad.

Este modo de actuar tiene, a juicio, de Jäkel devastadoras consecuencias. «Cuando el periodismo termine consumiéndose, nos toparemos de bruces con una gran pobreza de espíritu», advierte. Por eso «no queda otra que luchar con arrebolada pasión por el periodismo». Por el periodismo que no está comprado, que no está a merced de las mentiras y que se esfuerza por diferenciar lo verdadero de lo falso, subraya.

«Sin saberlo muchos actores importantísimos de la economía están financiando el crecimiento de un nuevo y poco fiable paisaje mediático que contribuye a la diseminación de noticias falsas y del discurso de odio. Es evidente que ningún decisor en en el área del marketing y la publicidad hace esto a propósito. Nadie tiene en su radar todos y cada uno de los artículos que ven la luz en la red de redes. Pero ahí reside exactamente el peligro y también la oportunidad. Quienes toman decisiones son dueños de muchísima influencia y con sus decisiones contribuyen a dar forma a la sociedad donde se desenvuelven», señala.

Para parar los pies a las «fake news» y al «hate speech» Jäkel propone un código de responsabilidad corporativa de medios, una regulación que inste a los anunciantes a reconocer el valor del periodismo veraz, ese que redunda con sus contenidos en beneficio de la sociedad en general.

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