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Publicidad "feminista": el flaco favor que la industria le hace a las mujeres

"Femvertising" o la hipocresía de la publicidad feminista

El "femvertising" ha sido uno de los términos en boga en este 2018. Pero, ¿hasta que punto contribuye la publicidad aparentemente feminista a la igualdad social?

mujeresAunque la revolución feminista comenzó hace ya algún tiempo y la concienciación social sobre la igualdad de sexos va en aumento, este cambio de mentalidad no ha hecho mella en el entorno marketero.

Quizá hayamos visto a muchas marcas sumarse al movimiento feminista en este 2018, quizá haya sonado más que nunca el término “femvertising” y quizá a muchas compañías se les haya llenado la boca diciendo que la mujer se encuentra entre sus prioridades, pero la realidad es muy distinta.

Lo cierto es que las mujeres siguen sin sentirse representadas en la publicidad, siguen sin identificarse con los mensajes de la mayoría de las marcas y siguen desconfiando de aquellas compañías con una fachada femenina demasiado bonita para ser verdad.

Esta “explotación del feminismo” es, para muchos, un lastre que abre todavía más la grieta social que arrastramos desde hace tanto tiempo. Y es que las mentiras tienen las patas muy cortas, sobre todo en la era digital.

Según cuenta Sarah Banet-Weiser, autora de “Empowered: Popular Feminism and Popular Misogyny” en TNW, el problema reside en que el “femvertising se dirige a las mujeres como consumidoras, como individuales y el feminismo no trata de individuos, sino de colectivos y comunidades”.

Otro de los errores en los que caen de forma recurrente las marcas es, para la periodista Cara Curtis, la tendencia a abanderar eslóganes y hashtags atractivos, fácilmente compartibles en redes sociales que ponen en foco en la confianza y la autoestima en vez de en la desigualdad que es, en realidad, el origen del problema.

Tratar el feminismo como una moda a la que hay que sumarse para estar en la conversación pública y ganarse fácilmente el favor de unos sensibilizados consumidores es tan denigrante para las mujeres como perjudicial para las propias marcas.

La publicidad feminista no sirve de nada si no está enraizada en un cambio estructural, en una transformación que comienza dentro de las empresas y se proyecta hacia fuera, algo, por desgracia, muy poco frecuente.

Ejemplo de ello es State Street, la compañía estadounidense responsable de la famosa “Fearless Girl” cuyo reconocimiento mundial derivado de esta asombrosa acción se derrumbó al hacerse pública la brecha salarial existente entre hombres y mujeres en la firma. Pero hay muchos más.

La desconexión entre lo que dicen y lo que hacen las compañías es evidente. Apostar por una sociedad más justa solo con publicidad no es suficiente, porque para cambiar lo de fuera, primero hay que cambiar por dentro.

No necesitamos anuncios, hashtags o tuits que alivien la conciencia y abulten la cartera. Lo que necesitamos son políticas de igualdad salarial, de diversidad y de liderazgo femenino. Porque aparentar ser feministas no nos convierte en feministas, solo en hipócritas.

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