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5 (perversos) fetiches que los publicitarios veneran con absoluto fervor

Marketing y PublicidadHay cosas que, aunque idolatradas, no hacen nada bien a los publicitarios

Las obsesiones que más daño infligen a los publicitarios

5 (perversos) fetiches que los publicitarios veneran con absoluto fervor

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra

Los publicitarios son culpables de no pocos fetiches tan maliciosos como vergonzosos. Y estos son definitivamente los peores.

Los publicitarios no son quizás el epítome de la reserva y la inhibición. Aman, al fin y al cabo, con todas sus fuerzas la provocación agazapada en las ideas que brotan de su materia gris y están siempre dispuestos a arrojarse en los brazos de la novedad.

Sin embargo, no todas las obsesiones y los antojos que tienen a bien a echar anclas publicitarios son necesariamente buenos. Los profesionales de la publicidad son culpables de no pocos fetiches tan maliciosos como vergonzosos.

En un artículo para Muse Mike Cronin disecciona a continuación algunos de esos fetiches:

1. Tecnofilia

La tecnología y las redes sociales de más relumbrón son arrebatadoramente seductoras para los publicitarios, a quienes brindan nuevas y atractivas maneras de conectar con a la audiencia.

A ojos de los publicitarios las plataformas «techies» son una suerte de deidades y como tales son incapaces de contemplarlas con una pizca de objetividad (la necesaria para agasajar con los mejores consejos a sus clientes).

La tecnolofilia impenitente de los publicitarios aparta su atención de formas potencialmente más eficientes y efectivas de conectar con la audiencia. Razón de más para no reverenciarla en exceso.

2. Pseudomasoquismo

A quienes se desenvuelven profesionalmente en la industria publicitaria les encanta odiarse a sí mismos. Sabedores de que su profesión se encuentra entre las menos respetadas del mundo, los publicitarios disfrutan haciendo hincapié en la mala prensa de su profesión, quizás porque no se toman a sí mismos demasiado en serio.

Así y todo, lo cierto es que la industria publicitaria es un negocio maravilloso. Y de su vientre emergen momentos realmente especiales cuando la publicidad puede dar fuelle a cambios de naturaleza cultural e inspirar cambios en la sociedad.

Si la publicidad desea de verdad hacerse receptora de puntos de vistas más interesantes, diversos y creativos, debe dejar de colocar bajo los focos sus propios defectos para incidir en sus virtudes (que no son pocas).

3. Obsesión por los datos y las analíticas

Los publicitarios adoran hincar la rodilla frente al altar de los KPIs, pero su obsesión por los datos y las analíticas corre el riesgo de nublar la visión de las emociones, los deseos y los comportamientos humanos que hay parapetados tras los números.

Conviene además hacer notar que la gente no siempre toma decisiones de manera racional. Y los publicitarios deben tomarse la molestia de transformar los datos que tanto les embelesan en verdades e «insights» capaces de inspirar ideas creativas.

4. Voyerismo creativo

Los publicitarios romantizan a menudo la creatividad, a la que endilgan cualidades casi místicas. Sin embargo, en su afán por revestir de un aura divina la creatividad los publicitarios sugieren también de alguna manera que esta se trata de una cualidad innata y reservada solo a unos pocos.

La creatividad no es una cualidad con la que se nazca o se nazca. Es en realidad un músculo que todo el mundo puede ejercitar. La creatividad es, de hecho, un 90% de perspiración y un 10% de inspiración.

En el negocio de la publicidad todos, absolutamente todos, pueden (y deben) contribuir a resolver problemas de índole creativa porque la creatividad habita en todos y cada uno de ellos.

5. Jerga

Los publicitarios veneran la jerga y la utilizan con fruición en LinkedIn, una plataforma en la que estos profesionales disfrutan congratulándose a sí mismos y masajeándose el ego.

No obstante, son precisamente la jerga y el ego petulante de los publicitarios los que más contribuyen a alejarles de la realidad y del éxito. La honestidad y la humildad deberían ser el faro que guíe en su día a día a los profesionales de la publicidad.

 

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