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GUERRAS OLÍMPICAS ENTRE MARCAS

La historia de las Olimpiadas está repleta de luchas entre las grandes marcas del mercado mundial por lograr mayor presencia y protagonismo que sus competidores. Da igual los métodos utilizados, el objetivo prioritario es salir triunfante de los Juegos. Y es que este tipo de eventos proporciona a las firmas una importante influencia sobre los consumidores.

Sin ir más lejos, la confrontación se ha vivido en estos Juegos de Pekín. Los contrincantes, Li Ning y Adidas. La primera, es la marca fundada por el deportista chino, del mismo nombre, hace ya 18 años, y que viste entre otros a la delegación española. Pese a no haber conseguido el patrocinio de la cita deportiva, logró patrocinar el minuto televisivo más valioso, el recorrido de la antorcha olímpica. Además, amenaza el liderazgo de Nike y Adidas.

Pero no es el único caso, existe toda una tradición de enfrentamientos entre los grandes del mercado, basta con echar un ojo al libro Oro olímpico, del ex director del COI Michael Payne. Por ejemplo, el que se produjo en Atlanta 96 entre las firmas deportivas Nike y Reebok. El polémico lema presentado por Nike en esta ocasión hizo saltar la polémica. Decía así: “No ganas una medalla de plata, pierdes un oro”. Su objetivo era ensombrecer la imagen de Reebok, que por entonces era el patrocinador oficial de los Juegos. “Alguien dijo una vez: no ganas la plata, pierdes un oro. Obviamente, quien lo dijo nunca había ganado una medalla de plata”, le rebatió el COI poco después.

Casi una década antes, en los Juegos de Invierno de Calgary, la batalla se mantuvo entre American Express y Visa. Ésta última llevó a cabo una campaña de competencia desleal que también sería denunciada por el Comité Olímpico. El eslogan de la susodicha marca fue el siguiente: “Si van a Calgaray 88 llévense la Visa, porque, esta vez, no se acepta American Express”. La guerra continuó y estas instituciones financieras no llegaron a un acuerdo hasta 1996, según informa el periódico Cinco Días.

Un curioso ejemplo más, el protagonizado por la nadadora Claudia Poll, primera medallista de oro de Costa Rica, quien aprovechó la similitud entre los colores de Pepsi y los de la bandera de su país, para colarse con un gorro de la marca competidora de Coca-Cola. La nadadora fue advertida por la Organización de los Juegos, pero no sancionada.

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