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LA PUBLICIDAD ANTITABACO ES PUBLICIDAD A PESAR DE TODO

Al final va a ser cierto eso de que aunque mala, la publicidad siempre es publicidad. El experto en marketing Martin Lindstrom se ha encargado de probarlo con el tabaco. Siguiendo su creencia de que la publicidad subliminal todavía existe ha editado, Buylology: Truth and Lies About What We Buys, basado en un estudio realizado a lo largo de tres años con un presupuesto de 7 millones de dólares. En el participaron 2.000 personas de cinco países a través de prácticas neurocientíficas.

“La mayoría de las decisiones que tomamos tienen lugar en la parte del cerebro de la que no somos conscientes”, explicó Lindstrom a AdAge. Comentó que preguntar a los estudiados no era efectivo pero si observar como reaccionan sus cerebros a los estímulos. De los hallazgos más sorprendentes fue saber que las advertencias de las cajetillas de tabaco provocan más ganas de fumar. El estudio indicaba que cuando se preguntaba directamente al usuario este decía ver como algo el eslogan como algo efectivo, pero en realidad aumenta las ganas de fumar.

Otro de los mitos que desmiente Lindstrom es la importancia del logotipo. Tal y como recoge en Buylology el olfato y el oído son sentidos mucho más estimulantes y con mayor poder de convicción que la vista. Además, pone en entredicho la infalibilidad del product placement: American Idol, homólogo estadounidense de Operación Triunfo, recibe 26 millones de dólares por parte de Coca-Cola y otros 26 por parte de Ford. Sólo la insignia marca de refrescos consigue la rentabilidad suficiente como para amortizar la astronómica inversión.

“El neuromarketing es como un martillo”, señaló el experto. “Depende de quien lo use y como lo use. Puede ser usado para destrozar o para construir algo maravilloso”, concluyó.

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