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LA PUBLICIDAD SUBVENCIONA A LAS COMUNIDADES DE VECINOS

La publicidad está tan insertada en el paisaje urbano como cualquier monumento histórico. Su presencia en edificios no sólo adorna sino que en ocasiones sirve para paliar más de un gasto imprevisto, como las derramas. De lo contrario, que se lo digan a las comunidades de vecinos cuyos inmuebles cumplen afortunadamente los requisitos para convertirse en soporte publicitario.

La publicidad puede colocarse solo en zonas comunes y bajo la aprobación de las tres quintas partes de la junta vecinal. El beneplácito del consistorio resulta fundamental, ya que es el encargado de otorgar las licencias, y sólo las adjudicará en caso de que no altere su estética ni seguridad.

El período de duración de las licencias varía según el soporte: vallas, rótulos y murales en medianeras se conceden por cinco años con revisiones anuales y las lonas que cubren los andamios de las obras se revisan cada tres meses.

Sobre el dinero que se llevan los vecinos no existe ninguna tarifa estipulada y las ganancias pueden ser muy variables dependiendo de la ubicación y el tamaño. Se calcula que entre 10.000 y 30.000 euros podrían llegar a embolsarse los vecinos, aunque las cifras se disparan si tocamos zonas como la Gran Vía madrileña.

En todo caso es el presidente de la comunidad de vecinos el que debe poner el precio y las condiciones. Éstos, según recomienda el Colegio Profesional de Administradores de Fincas en Madrid a 20 Minutos, deberían de firmar cláusulas como la retirada de la publicidad una vez concluido el tiempo acordado o un seguro por si causase algún desperfecto.

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