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Las marcas deberían celebrar con fuegos artificiales (y hasta petardos) el "ad blocking"

adblockHace no mucho secuestrar a la audiencia, alimentarla a base de poco apetitosos anuncios y forzarla a pedir clemencia (para no vomitar) era la norma en el universo publicitario online. Sin embargo, un día llegaron los "ad blockers" y libraron a los internautas de la tiranía de la publicidad en la red de redes.

Si antes eran los anunciantes quienes tenían el poder y sometían a su antojo a la audiencia, ahora ésta se ha liberado del yugo y es quien está apretando las tuercas a las marcas (y a sus malísimos anuncios) con la complicidad de los "ad blockers".

Estamos ya en 2016 y los anunciantes pueden hacer dos cosas ante el "boom" experimentado en los últimos tiempos por los “ad blockers”:

1. Enzarzarse en una guerra (probablemente interminable) contra los programas para bloquear publicidad online y convertir de paso a la audiencia en su enemiga.

2. Ponerse de verdad manos a la obra para poner en manos de los internautas experiencias de calidad.

Ni que decir tiene que la primera alternativa pinta muy mal (por no decir fatal), pero la segunda lleva en su ADN la esperanza de la que tan deficitarios han estado últimamente los “marketeros”.

Les guste o no a las marcas, los consumidores están hambrientos de experiencias y contenidos de calidad y cansados de ingerir masivamente “apestosos” banners y anuncios pre-roll.

Y lo están porque los “ad blockers” les han abierto los ojos. Lejos de asesinar la publicidad online, el “ad blocking” está proporcionado un futuro (mucho más resplandeciente) a las marcas, asegura Dave Ortega en un artículo para Digiday.

El “ad blocking” está forzando a los “marketeros” a remodelar un modelo publicitario que estaba “podrido” y abocado a derrumbarse de un momento a otro.

Resulta que al final el “ad blocking” no era el malo de la película sino el bueno. Y algunas marcas se han dado ya cuenta de ello. Es el caso, por ejemplo, de Red Bull, que en el site The Red Bulletin ha borrado todo rastro de “autobombo” y de alabanzas a sus famosas bebidas energéticas. En The Red Bulletin, donde los banners brillan completamente por su ausencia, hay contenido, contenido de muchísima calidad sobre estilo de vida. Y ese contenido huérfano de “autobombo” es el que está haciendo más grande (aún más) a la marca Red Bull.

Otro anunciante que se ha dado cuenta de que el contenido y no la decapitación de los “ad blockers” es la solución a los problemas que acucian actualmente a los anunciantes es Microsoft. El gigante del software invitó recientemente a nueve escritores de ciencia ficción a sus laboratorios para ayudarles a desperezar a las musas y animarles a escribir sobre el futuro. ¿Lo mejor? Que esa visita se convertirá próximamente en un libro de relatos.

Puede que los “ad blockers” hayan provocado muchas noches de insomnio a los “marketeros” durante los últimos tiempos, pero tantas noches en vela han merecido la pena: las marcas se están dando cuenta gracias a ellos (los perversos “ad blockers”) de que es hora de dejar de incordiar a la audiencia y comenzar a mimarla con experiencias y contenido de calidad.

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