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¿Nos hace la publicidad más miserables? Parece que sí

¿Nos hunde la publicidad en la miseria? Sí (y sus pluscuamperfectos protagonistas tienen la culpa)

Un estudio llevado a cabo en 27 países europeos llega a la conclusión de que la publicidad, con su impenitente desfile de protagonistas pluscuamperfectos, nos hace más infelices.

publicidadConfrontada con los anuncios en televisión, la audiencia se siente a menudo profundamente importunada. Al fin y al cabo, la publicidad en la pequeña pantalla interrumpe la acción y hace trizas el drama (y también las risas) que se abren paso en sus programas favoritos.

Sin embargo, y pese a que la interrupción de la que hacen gala los anuncios es motivo más que fundado para detestarlos, resulta que hay otra razón de peso para que el consumidor reniegue de ellos.

Según un reciente estudio llevado a cabo por Centre for Economic Policy Research en 27 países europeos en el transcurso de las últimas tres décadas, la publicidad tienen el poder de hacer más miserables a aquellos que tienen a bien contemplarla (por muchos que tengan los bolsillos llenos).

En términos generales, cuando en un país la inversión en publicidad aumenta, el nivel de satisfacción vital de la población se desploma o crece menos de lo inicialmente esperado.

La publicidad es un pozo sin fondo de insatisfacción vital

Adicionalmente, cuanto mayor es el nivel adquisitivo de un país, más ingente es la cantidad anuncios que desfilan por las retinas de sus súbditos. Con las arcas llenas, los anunciantes dan fuelle a sus presupuestos publicitarios para lograr que el consumidor unja con su atención (y dinero) a sus productos.

¿El problema? Que en época de vacas gordas, cuando el volumen de publicidad aumenta ostensiblemente, el consumidor se siente más miserable de lo que a priori debería sentirse.

Y es que los anuncios, cuyos protagonistas son habitualmente bellos, dueños de dentaduras perfectas y residentes en hogares perfectos, se agarran potencialmente como una lapa a las inseguridades del consumidor, al que recuerdan persistentemente aquello no que tienen o no tendrán jamás (en el peor de los casos).

Quizás por ello, y en vista del potencial de la publicidad (pluscuamperfecta) para instigar elevadas dosis de insatisfacción en quienes le regala su atención, cada vez más marcas se están “divorciando” de los clichés para colgarse del brazo de protagonistas más reales y auténticos.

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