líderes en noticias de marketing, publicidad y marcas

Por qué Don Draper dista mucho de ser el publicitario perfecto

Muchos «marketeros» y publicitarios han caído rendidos a los encantos de la exitosa serie televisiva Mad Men. ¿Por qué? La razón es simple. La mayoría no pudo vivir en primera persona la edad dorada de la publicidad retratada en la serie y Mad Men es una ventana desde la que asomarse a la que época más «cool» de la industria publicitaria: los años 60.

En aquella época los anuncios se bastaban por sí solos crear imagen de marca. Las cadenas de televisión se podía contar con los dedos de la mano, los social media no existían y la comunicación entre marcas y consumidores fluía en un solo sentido. La vida era en general mucho más sencilla. Los creativos podían permitirse el lujo de generar unas pocas ideas, ideas que podían después ser debatidas y convertirse finalmente en una campaña exitosa.

Quizás por ello, Don Draper, protagonista de Mad Men, es para muchos el publicitario perfecto. Y no sólo porque es fino, sofisticado y atractivo, sino porque tiene la extraña habilidad de articular de manera casi instantánea el concepto de una campaña publicitaria. Además, cuando el cliente y la agencia parecen “atascados” e indecisos, Draper hace su irrupción en la habitación y decide por ellos lo que va funcionar.

En la vida “real” todos nos hemos sentido alguna vez como el cliente y la agencia antes de la irrupción en la habitación de Don Draper, retratado en la serie como una especie de “mesías” omnisciente que siempre se guarda en la manga una solución para cualquier problema, explica Roger Dooley en Forbes.

¿A quién le gustaría tener a su lado un “mesías” de instinto tan refinado como Don Draper? A todos. ¿El problema? Que puede que Don Draper esté inspirado en “Mad Men” de verdad, pero no deja de ser un personaje de ficción.

La publicidad actual está plagada también de “expertos” que juegan a ser Don Draper y que, como él, creen que su instinto es realmente infalible. Sin embargo, a diferencia de Draper, no son personajes de ficción, son humanos, y como tales, a veces se equivocan.

¿La conclusión? Que en la publicidad jugarse todo a la carta del instinto es un auténtico “suicidio”. Ya lo decía David Ogilvy, el padre de la publicidad moderna y también quizás el auténtico “Mad Men”: “La palabra más importante en el vocabulario de publicidad es PROBAR”. “Nunca dejes de probar y tu publicidad no dejará nunca de mejor”, aseguraba el legendario publicitario británico.

En definitiva, que confiar en el instinto de una única persona no es siempre la estrategia más más inteligente para abordar una campaña publicitaria, más que nada, porque las personas son imperfectas y se equivocan. Está en su naturaleza. ¿La mejor manera de plantar cara a esa propia naturaleza falible? Probar, probar y probar. Sólo así la publicidad consigue resultados reales. Los que no prueban habitan en el territorio de la ficción, como Don Draper.

 

¿Usuario habitual de Twitter y Facebook? ¡Tenga cuidado con su ego!AnteriorSigueinteGoogle cerrará la plataforma de programación publicitaria AdWhirl el próximo 30 de septiembre

Noticias recomendadas