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Por qué hay tanta publicidad rematadamente mala ahí fuera

maloEn el universo de la publicidad hay unos pocos anuncios que pueden alardear de ser verdaderamente buenos, muchos que se tienen que conformar con deambular por el boulevard de la mediocridad y cantidades ingentes de campañas que son simplemente (y rematadamente) malas.

Pero, ¿por qué hay tanta publicidad mala ahí fuera? Hay muchas posibles maneras de responder a esta pregunta, pero las respuestas que propone a continuación Rob Baiocco en un artículo para Mediapost son particularmente clarividentes:

1. Intentan decir demasiadas cosas a la vez
Está es quizás las razón número uno por las que los anuncios se topan de bruces con el fracaso. Espoleados quizás por las exigencias del anunciante, los publicitarios se empeñan a veces en convertir los anuncios en una suerte de “cajón de sastre” en la que cabe todo (y no cabe al final nada). Basta sea que intentemos decir muchas cosas simultáneamente para que al final no digamos nada.

2. Son huérfanos de ideas
La ideas son un ingrediente esencial en los anuncios. Por eso sorprende tanto que éstas brillen completamente por su ausencia en tantísimos anuncios. Algunas campañas se limitan a enumerar cosas sobre el producto que anuncian sin molestarse en dar a todas esas cosas el barniz de un concepto, de una idea realmente memorable.

3. La idea que hay detrás del anuncio resulta excesivamente cara para el presupuesto disponible
A veces la publicidad está cimentada en una buena idea, pero esa idea necesita de muchísimo presupuesto para florecer, el anunciante carece de ese presupuesto y los publicitarios tienen que conformarse con alumbrarla con lo que poco que tienen a su alcance. ¿El resultado final? Mediocridad en estado puro.

4. El anuncio ha sido pobremente ejecutado
Para hacer realidad un anuncio son necesarias centenares de decisiones individuales (desde la tipografía a la paleta de color pasando por la fotografía). Y si alguna de esas decisiones individuales falla, el producto final (el anuncio) se resiente inevitablemente.

5. Los publicitarios que han dado luz al anuncio no han estado acertados
A veces sucede que los publicitarios no saben cómo llevar a buen puerto el anuncio que tienen entre manos o que simplemente, aun siendo personas habitualmente talentosas, no han tenido mejor el día. Nadie está libre de los errores, tampoco los mejores.

6. Quienes están detrás del anuncio han pecado de “gallinas”
Nada hay más mortífero para la creatividad que el miedo. Si la publicidad se hace con miedo, hay muchas probabilidades de que termine naufragando.

7. A la gente simplemente no le gusta el anuncio
En ocasiones, y a pesar de hacerlo todo “bien” en un anuncio, la audiencia se empeña en tildarlo de malo y no hay manera de convencerla de lo contrario. Bienvenido al mundo 100% subjetivo de la publicidad.

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