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Por qué la jerga le hace un flaco favor al matrimonio formado por tecnología y publicidad

La tecnología y la publicidad son hoy por hoy un matrimonio de hecho. Una va de la mano de la otra y por eso estamos asistiendo también al florecimiento de cada vez más empresas que hacen del maridaje de la tecnología y de la publicidad el eje central de su negocio. Sin embargo, hay algo que puede terminar ahogando el crecimiento de esta nueva industria: la querencia de sus profesionales por la jerga. Deanna Zammit enumera en Digiday varias razones por las que éstos deberían huir de la jerga como de la peste:

1. La jerga aliena a la gente
Algunos ejecutivos utilizan la jerga como un apretón de manos secreto. Creen que su utilización les hace pasar por “entendidos” en la materia. Y en cierto sentido tienen razón. Pero los apretones de manos secretos tienen otro efecto secundario: excluyen a la gente. No todo el mundo es capaz de distinguir el ROI del ROE y no sabe si el CTR es o no un KPI. Algunos son “marketeros” de nueva hornada y otros simplemente trabajan fuera de ese exitoso pero a menudo ininteligible matrimonio formado por tecnología y publicidad. Puede que las siglas MCN (Multi Channel Networks) formen ya parte de la “lingua franca” utilizada a diario por las empresas de marketing de vídeo online, pero no para las que no forman parte de este todavía reducido gremio.

2. La jerga te hace sonar como un robot
La tecnología es fría. Es una compleja sucesión de ceros y unos. Las empresas de tecnología de consumo lo saben y por eso son conscientes de que, para conectar con el consumidor, necesitar poner un rostro humano a sus productos. Sin embargo, en la industria de la tecnología publicitaria todo el mundo se empeña en hablar a sus clientes como si éstos fueran robots. Les hablan de la necesidad de optimizar, optimizar e incentivar y el cliente es incapaz de ir más allá de estos tres conceptos. Para una industria que se dedica a vender complicada tecnología ésta no sin lugar a dudas la mejor estrategia de comunicación. Y es que el cliente no es nunca un robot. Es de hecho la “esposa” de las empresas.

3. La jerga te hace sonar igual que el robot de al lado
Lo peor de que la jerga se haya generalizado en la industria de la tecnología publicitaria es que todo el mundo parece aferrado a los mismos “palabros”. En esta industria hay docenas de empresas vendiendo el mismo servicio y si quieren realmente diferenciarse las unas de las otras, deben reducir la jerga al mínimo. Haciéndolo, no sonarán menos profesionales. Simplemente sonarán más humanas.

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