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La emoción deja magullada a la razón en la publicidad

Por qué en la publicidad la emoción le propina un sonoro bofetón a la razón

La emoción es el camino más corto para que la publicidad eche raíces en la cabeza y el corazón del consumidor. Y resulta mucho más eficaz en clave publicitaria que la razón.

emociónCada persona está expuesta de media a casi 2 millones de anuncios al año. En vista de tan abultadísima cantidad de publicidad, los anunciantes lo tienen extraordinariamente complicado para abrirse paso con sus mensajes comerciales no sólo en la memoria sino también en el corazón del consumidor.

Para dejar huella en la audiencia los anunciantes pueden colgarse del brazo de la razón o de la emoción, pero es definitivamente esta última la más rápida dando zancadas y echando anclas en la atención (extraordinariamente esquiva) del consumidor.

El 31% de las campañas que demuestran un buen rendimiento alojan en sus entrañas contenido emocional. En cambio, si de lo que hablamos es de contenido racional, el porcentaje desciende hasta el 16%.

En términos generales la respuesta emocional generada por los anuncios tiene mucha más influencia en la intención de compra del consumidor que el contenido que estos puedan llegar a alojar.

Precisamente por ello los anunciantes acostumbran a “cebar” sus anuncios con todo tipo de emociones y las más explotadas en la arena de la publicidad son el orgullo, el amor, la soledad, la amistad, el recuerdo, la empatía, y la conquista de un logro absolutamente único.

Cuando el consumidor se enfrenta a un anuncio, se desencadenan en él dos tipos de respuestas emocionales. Una de ellas está basada en la empatía (que a través de elementos como los bebés, los niños y las mascotas se las ingenia para acercar a marcas y consumidores). Y la segunda respuesta emocional echa raíces en la creatividad. Factores como el tono de voz, la música o el “storytelling” utilizados en un anuncio logran conectar emocionalmente con el consumidor, que cae rendido a los pies de las marcas por la imaginación desbordante que éstas dejan entrever en su publicidad.

Ya sea utilizando como áncora la empatía o la creatividad, la mejor forma que clavar al cliente el aguijón de la emoción es sorprenderle, divertirle y también embarcarle en una suerte de montaña rusa emocional (con muchas subidas y bajadas).

Campañas ya icónicas como “Real Beauty Sketches” de Dove, “Happy Factory” de Coca-Cola y “Friends Furever” de Google son auténticas obras de arte de la publicidad emocional (y para más inri eficaz).

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Si quiere conocer más detalles sobre la publicidad emocional, no se deje de echar un vistazo a esta infografía de USCDornsife:

Por qué en la publicidad la emoción le propina un sonoro bofetón a la razón

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