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Premios Plagiarus a las más flagrantes imitaciones

Los plagios de productos más descarados del año

Cabezales de ducha, excavadoras de juguete y cacerolas: la industria de la copia abarca todos los tipos de producto. Los premios Plagiarus han reconocido a los plagios más descarados del año.

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A primera vista, estos 21 detectores de movimiento blancos y negros se parecen como gotas de agua. Los colores y el diseño son casi idénticos, pero hay una gran diferencia: solo dos de ellos son originales de la empresa Steinel. El resto son copias baratas procedentes de China.

Por su gran número, las 19 copias han recibido este año el premio “Hiena”, otorgado a aquellos artículos que tienen muchos imitadores que “rodean y acosan al producto original, como hacen las hienas”, dice la asociación Aktion Plagiarus, que otorga el premio. Es uno de los Premios Plagiarus a las falsificaciones y copias más descaradas, que este año cumple 43 ediciones. Su objetivo: señalar prácticas comerciales torpes y poco innovadoras.

Los detectores de movimiento falsos se han vendido en doce países de toda Europa. Se producen en China. El fabricante original, la empresa alemana Steinel, sospecha que detrás hay dos o tres fabricantes chinos. “Probablemente haya más copias todavía", dice Thomas Möller, que dirige el departamento de innovación de Steinel y ha desarrollado el detector de movimiento original. En ciertos casos, la empresa ha actuado contra las falsificaciones, pero no tiene los medios económicos para proceder en todos los casos conocidos.

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La mayoría de los productos plagiados vienen de China, como los detectores de movimiento y el resto de artículos premiados. El país asiático es el baluarte de las falsificaciones de productos. El rango de los productos es amplio: va desde alimentación a cosmética, pasando por electrónica de consumo. Los plagiadores copian descaradamente todos los artículos imaginables y luego los venden a un precio más bajo. “No todas las copias son malas”, dice Möller. Y eso es lo peor: el cliente ya no sabe distinguir entre el original y la copia.

La industria de la falsificación es desde hace tiempo un negocio de miles de millones. Según un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el importe de productos falsificados en 2013 fue de 461.000 millones de dólares. Y la tendencia es creciente: en 2007 el valor todavía era de 250.000.

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El aumento de la popularidad de las plataformas de comercio electrónico como Amazon ha agravado el problema en los últimos años, de acuerdo a un estudio del Institut der deutschen Wirtschaft (IW). Ahí los productos falsos pueden venderse más fácilmente. Como consecuencia, las empresas que produjeron los originales tienen menos volumen de ventas y podrían verse obligados a reducir la plantilla.

Para Steinel, el premio de Plagiarus es, por lo menos, un pequeño consuelo: “Solo es una gota en medio del océano”, dice Möller, “pero es bueno que alguien denuncie a los responsables”.

 

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