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Publicidad y Religión: ¿una relación de futuro?

Si la publicidad habla de religión (y diversidad) el diablo se esconde en cada pequeño detalle

De forma tradicional la publicidad ha intentado evitar (en la medida de lo posible) algunos temas controvertidos. La religión, la política, la orientación sexual o la raza han sido temas tabúes para la publicidad durante más años (décadas incluso) de los que nos hubiera gustado. Por suerte estas anquilosadas bases han comenzado a formar parte del pasado.

La publicidad ha comenzado a entender que el éxito se encuentra en la diferenciación. Un concepto que, por desgracia, en muchas ocasiones a día de hoy, pasa por mostrar una realidad que muchos se empeñan en seguir atacando u ocultando.

Romper con estas barreras es algo natural en terrenos como el humor. Un término cuyo éxito radica en lo políticamente incorrecto y en mostrar los aspectos de la realidad de los que nadie se atreve a hablar. Pero es diferente en el caso de la industria publicitaria.

Las agencias que deciden apostar por entrar en estos terrenos suelen ser vistas por muchos clientes (más de los que imagina por muy abiertos que los considere) como arriesgadas. Y el riesgo suele gustar poco a los recatados clientes.

La importancia del humor

Pero sigamos hablando de humor. Si este se hace con respeto y de la forma correcta es el mejor de nuestros aliados a la hora de tratar temas delicados. Incluso dentro de los sectores más conservadores.

En un mundo globalizado e interconectado constantemente el diablo de la publicidad reside en los detalles. El más mínimo error al tratar temas como la política o la religión en publicidad puede suponer el principio del fin de una marca o agencia.

El primer paso que tienen que dar las agencias es apostar por un equipo diverso. No sólo en cuestiones profesionales sino también en cuestiones como la raza o la religión. Cualquier punto de vista diferente al nuestro siempre debe ser bien recibido.

Un equipo que debe completarse con personas que han estudiado y trabajan el humor. Desde cantantes que critican audazmente la sociedad como los raperos a psicólogos expertos en la materia. Y no se olvide de personas religiosas o espirituales que se posicionarán como el nexo de unión con las diferentes comunidades.

Una fotografía que debe tener muy en cuenta en la nueva era del marketing y la publicidad basados en la viralidad en las redes sociales. Hay que cuidar todos los detalles para no herir sensibilidades. Y créanos, el mundo está muy sensible.

¿Se ha vuelto la religión un tema importante?

Vamos a hablar de religión. Mejor dicho, de sus bases y planteamientos sin entrar en ninguna de ellas. A medida que una marca crece y se vuelve más importante su estrategia fomenta o exige su adoración (¿le suena?).

Con una cultura y sociedad asentadas en la inmediatez gracias a internet y las redes sociales, el mayor miedo ante este fenómeno son las casi incontrolables reacciones. ¿Recuerda la última campaña de Pepsi?

Las marcas tienen que adoptar una posición y alinearse con una causa superior. Siempre en consonancia con los valores de su empresa. No solo para parecer auténtica y ser relevante sino para evitar ser acusada de inhumana y falta de transparencia. Ser acusada de un falso ídolo, en resumen.

Religión y branding están mucho más relacionados de lo que piensa. Y más en una era en la que el contenido es el rey y las historias (de calidad y relevantes) el reclamo perfecto para la atención de los usuarios. Y la religión es una auténtica fuente de información que, bien trabajada, puede ayudarle a llegar a grandes comunidades.

Eche un vistazo a este anuncio realizado por una marca australiana de carne:

La conclusión a la que queremos llegar es que la publicidad (y la sociedad en general) tiene asuntos importantes que tratar. El principal de ellos es la diversidad. Tanto dentro como fuera de la industria para lograr la comprensión del consumidor.

Además, la globalización y las redes sociales han dejado más que claro que la forma de dirigirnos a estos temas que hemos convertido en tabúes tiene que cambiar. Cambiar con los tiempos que corren.

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