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La muerte no es necesariamente mortífera en clave publicitaria

Publicidad y muerte, ¿un dúo letal para los anunciantes?

Pese a que para muchas marcas la muerte continúa siendo tabú en la publicidad, lo cierto es que el consumidor no hace necesariamente ascos a su presencia en los anuncios.

muerteLa cultura popular es extraordinariamente rica en representaciones de la muerte. A través de las series de crímenes (tan habituales en la pequeña pantalla), los videojuegos y también las noticias cotidianas los consumidores están más que acostumbrados a ser confrontados con imágenes donde la parca (en sus múltiples vertientes) acapara todos los flashes.

Pero, ¿qué hay de la publicidad? ¿Es el momento de que la muerte (a las que no pocos marketeros endilgan la etiqueta de tema tabú) se abra paso también en los anuncios? En torno a esta pregunta gira precisamente un reciente estudio de la Universidad de Saskatchewan (Canadá) liderado por la profesora de marketing Barbara Phillips.

En su investigación Phillips examinó las reacciones del consumidor a la representación de la muerte en anuncios de productos o servicios no directamente vinculados a esta temática como la comida rápida o las bebidas refrescantes. En la publicidad que pivota en torno a temas como el VIH o el cáncer la presencia de la muerte es, por el contrario, casi inevitable.

El informe de Phillips trata de desafiar la idea (no necesariamente cierta) de que la muerte es siempre un mal movimiento por parte de las marcas, puesto que el óbito genera inevitablemente tristeza y ansiedad en el consumidor.

Lejos de lo que pudiera parecer a simple vista, el estudio de Phillips concluye que los consumidores son en términos generales bastante receptivos a la representación de la muerte en la publicidad (si bien la edad juega un relevantísimo papel en la reacción de la audiencia a esta temática).

Los consumidores más jóvenes, por ejemplo, no hacen ascos a la representación de la muerte en la publicidad siempre y cuando ésta se abra paso en las imágenes y en los mensajes de una manera apropiada y en sintonía con el producto anunciado.

Las personas mayores están, por el contrario, mucho más predispuestas a aceptar la presencia de la muerte en los anuncios (independientemente de lo que allí se venda).

Los jóvenes reaccionan en general con más ansiedad a la publicidad que tiene a la parca como protagonista que los consumidores de más edad.

A juicio de Phillips, los anunciantes no deben tener miedo de sacar a colación la muerte en sus anuncios si se toman, eso sí, la molestia de no rebasar la barrera del mal gusto, una barrera que es a día de hoy extraordinariamente difusa (probablemente por la timidez con la que la mayor parte de la marcas se aproxima a esta temática, muy poco explotada en clave publicitaria).

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