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¿Publicitario o protagonista de una película de terror? Las dos cosas a la vez #cdec2016

terrorDotada de una creatividad arrolladora, Alexandra Taylor lleva toda la vida sacando las garras (creativas) en un mundo, el de la publicidad, lleno hasta los topes de testosterona.

No en vano, Taylor, una de las directoras de arte más reputadas tanto dentro como fuera de su Gran Bretaña natal, es la única mujer a la que el prestigioso D&AD ha tenido a bien agasajar con un Lápiz de Honor.

Aunque Taylor ha plantado la simiente de su talento en múltiples agencias, de su fecunda cosecha creativa ha sido testigo sobre todo y ante todo la agencia Saatchi & Saatchi, para la que trabajó durante 17 años y conquistó innumerables premios.

Hoy Taylor se ha dejado caer por el Día C del Club de Creativos para compartir con las aquí presentes su sabiduría creativa y hablar sobre el arte en la dirección de arte.

Taylor comienza su ponencia haciendo una confesión insólita: que hace poco le pidieron hacer una ponencia sobre «cagadas» publicitarias e historias (también publicitarias) de terror. «¿Habré cometido tantas pifias como para que me pidan esto?», se pregunta Taylor. «Lo cierto es que sí», reconoce.

«No ha habido un solo trabajo en mi carrera que no incluya historias de terror», admite Taylor. A su juicio, es bueno que en la publicidad haya de vez en cuando historias de terror (y pifias). «Si no cometemos pifias, es imposible llegar a sitios nuevos y dar una vuelta de tuerca a la publicidad, que es lo que como creativos deberíamos perseguir», dice.

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¿Un ejemplo de historia de terror sufrida en sus propias carnes por la buena de Taylor? La de filmar un spot en un lejano país africano con un actor que no hablaba una palabra de inglés. Sin embargo, este «fastidio» (que trajo de cabeza a Taylor) hizo ganar en autenticidad al anuncio, puesto que el personaje hablaba en su lengua nativa y conectó así mucho mejor con la audiencia.

«Las cagadas nos lo hacen pasar muy mal a los publicitarios, pero esas cagadas pueden convertirse en cosas maravillosas», asegura Taylor.

Taylor sufrió otra pesadilla con un campaña antitabaco de publicidad gráfica en la que aparecía una rinoceronte con pamela. En esta campaña Taylor tuvo la oportunidad de trabajar con un fotógrafo de moda muy reputado, que no hizo las cosas como ella había pensado inicialmente. Ella, por aquel entonces una directora de arte humilde, no dudó en expresar su enfado hacia él y el fotógrafo, presa de la ira, rompió todas las fotos. Sin embargo, ella no se arredró, le puso las cosas claras y le pidió que repitiera el trabajo. «Si un director de arte trabaja codo con codo con alguien y no está satisfecho con el resultado, debe repetirlo y hacer valer su opinión». «Hay que coger el toro por los cuernos y poner los puntos sobre las íes a quien sea, pese a que sea una estrella de la fotografía».

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«Un director de arte debe ser valiente y honesto consigo mismo y con sus ideas, que debe defender con uñas y dientes», subraya Taylor. Y si no para muestra, un botón. Al final, el fotógrafo con el que Taylor trabajó en esta campaña se rindió a la evidencia y acabó felicitándola por haber tenido el arrojo de darle un tirón de orejas.

Hace unos años se vio en otro brete (uno de tantos): alumbrar una campaña de concienciación sobre el Párkinson para una organización muy humilde que tenía un presupuesto mínimo. En vista de lo escueto del presupuesto del cliente, Taylor se remangó las mangas de la camisa y se atrevió a hacer lo que nunca había hecho antes: ponerse detrás de las cámaras y hacer ella misma las fotos. Y lo cierto es que la campaña tuvo una repercusión enorme (pese a estar detrás de ella una fotógrafa novata), recuerda.

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Taylor fue protagonista de otra historia de terror en la filmación de un spot en el que se enfrentó con el peor enemigo de los publicitarios: la falta de tiempo. Para finalizar el anuncio de una forma adecuada, Taylor tomó una decisión (arriesgada) que podría haberla llevado a los infiernos pero que finalmente la llevó a los cielos. Al fin y al cabo, quien no arriesga, no gana.

«El día que no tenga una historia de terror que contar me comenzaré a preocupar», sentencia Taylor. «Ser protagonista de historias de terror es síntoma inequívoco de que lo que estás produciendo es nuevo y si es nuevo, tienes todas las de ganar», concluye.

 

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