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¿Hace la inteligencia artificial más tontos a los publicitarios?

Los publicitarios y su obsesión soberanamente estúpida por la inteligencia artificial

Los publicitarios cantan encendidas alabanzas sobre la inteligencia artificial, pero ¿es justificado el arrebatador entusiasmo que inspira en ellos esta tecnología?

publicitariosLa inteligencia artificial, que se ha convertido en el perejil de las todas las salsas, está actualmente anclada en la misma fase supurante de fantasía en que se encontraba la web hace 20 años. Por todas partes nos llega información, sazonada con toneladas de purpurina, sobre las supuestas maravillas que la inteligencia artificial porta en sus entrañas (esa que va a hacer presumiblemente nuestro futuro mucho mejor).

Sin embargo, y como sucede habitualmente con la tecnología de nueva hornada, los beneficios emanados de la inteligencia artificial son asombrosamente fáciles de prever, pero los peligros, o son invisibles, o son ignorados con sumo descaro, denuncia Bob Hoffman, en AdContrarian.

Igual que hace 20 años la industria publicitaria, tan presta a dejarse cegar por las modas, quedó obnubilada con la "publicidad interactiva" y sus múltiples prodigios, hoy esa misma industria bebe los vientos por la inteligencia artificial.

La obsesión por esta tecnología y la promoción implacable del fabuloso futuro que nos depara gracias a ella ignora que detrás de la inteligencia artificial hay potencialmente muchos peligros y eventuales desmanes.

De igual modo que el descerebrado entusiasmo de los publicitarios por la publicidad digital ha acabado costando (y el tiempo lo ha demostrado) mucho dinero (y también reputación), la calenturienta fiebre por la fiebre artificial puede ser tanto o más costosa, subraya Hoffman.

Stephen Hawking dijo en una ocasión que “mientras el impacto a corto plazo de la inteligencia artificial depende que quien la controla, el impacto a largo plazo depende de si esta tecnología puede en realidad ser controlada”. A juicio de Hawking, que sabía de lo que hablaba, ignorar los peligros de la inteligencia artificial “sería un error, potencialmente nuestro peor error”. Al fin y al cabo, la inteligencia artificial podría “significar el fin de la raza humana”.

Y Hawking no estaba solo ni mucho menos en sus lóbregos pronósticos sobre la inteligencia artificial. Elon Musk, que dista mucho de ser un tecnófobo, asegura que “deberíamos ser muy cuidadosos con la inteligencia artificial”, pues esta tecnología y no otra es probablemente nuestra mayor amenaza existencial.

Bill Gates coincide asimismo con Elon Musk y no puede explicarse cómo “algunas personas no están preocupadas” por el devenir, eventualmente peligroso, de la inteligencia artificial.

Aun así, y pese a estas advertencias, la industria publicitaria, fiel a su habitual papanatismo y armada hasta los dientes de obsesiones e ilusiones, no ve en la inteligencia artificial sino otro milagro que hay promocionar hasta la extenuación y un nuevo “palabro” con el que adornar todas las frases.

¿Por qué y para qué iba a madurar (por fin) la industria publicitaria? Está mucho mejor, ajena totalmente a la realidad, en el país de Nunca Jamás, concluye Hoffman.

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