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Puede que la publicidad no sea (100%) arte, pero es cada vez más artista

publicidad¿Alientan de verdad las marcas la creatividad? Muchos juran y perjuran que sí, pero lo cierto es que los productos y los servicios que las marcas venden son el último lugar en el que alguien (en su sano juicio) posaría sus ojos para alumbrar expresiones de carácter creativo. Sin embargo, también es cierto que las marcas tienen muchísimo que aprender del mundo del arte.

El arte ha tenido siempre que ver con aquello que uno siente y aquello que uno desea expresar. Se trata de una suerte de declaración personal y esa declaración personal provoca sentimientos en la gente que se toma la molestia de interactuar con ella.

Durante décadas las marcas quisieron que su propia (y sesgada) declaración personal fuera la única que llegar a oídos del cliente. Por esta razón, las marcas han estado habitualmente tan a años luz del mundo del arte. ¿Por qué? Básicamente porque el arte (supuestamente) no vende (o no vende quizás como ellas quieren).

En los años 90 las marcas estaban poseídas por el egocentrismo y ellas, sólo ellas (y sus productos) eran las protagonistas de las campañas de publicidad. El único arte que hacía acto de presencia por aquel entonces en esas campañas se “colaba” en los eslóganes, como aquel que hizo famoso Pepsi hace ya más de 20 años: “Our idea of pop art. New Cool Cans”.

pepsi

Aun así, los años pasaron, las cosas cambiaron, y hace aproximadamente 3 años, en 2013, el arte comenzó a hacer sonoros “cameos” en campañas publicitarias de marcas tan diversas como W Hotels, Lincoln o Samsung. Podría decirse que Madison Avenue decidió acuñar por aquel entonces el eslogan “Ars gratia artis” (El arte por el arte), el mismo del que hace no mucho renegaba, explica Geoffrey Colon en un artículo para Branding Strategy Insider.

En los tiempos digitales que corren, en los que plataformas como Instagram o Snapchat se han convertido en la mano derecha de tantísimos consumidores y han puesto al alcance su mano el arte de la fotografía, cada vez más marcas están tomado prestado el “arte” nacido al calor de estas plataformas (o creándolo ellas mismas).

Antaño las marcas vivían por y para el capital (financiero) que creaban y hacían caso omiso del arte porque era huérfano de capital. Hoy las cosas son bien distintas y las marcas ya no creen que el capital (el dinero contante y sonante) sea su única razón de ser. Y precisamente por esta razón se están acercando cada vez más al arte, porque saben que el arte (o el “pseudoarte”) es clave para conectar emocionalmente con las personas.

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