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Por qué para salvar al mundo la publicidad deberá hacer lo impensable:

Marketing y PublicidadPara salvar el mundo la publicidad tiene que asumir que deberá producir menos anuncios

Para salvar el mundo la publicidad deberá mutilarse a sí misma

Por qué para salvar al mundo la publicidad deberá hacer lo impensable: "automutilarse"

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra

La publicidad es responsable del 1% del consumo de energía a escala global y juega un rol en absoluto baladí en la producción de emisiones de dióxido de carbono.

Aunque a la industria publicitaria se le llena la boca hablando de la sostenibilidad y la protección del vapuleado planeta Tierra, a menudo se le olvida que ella contribuye también al exterminio del que lleva siendo el hogar de la humanidad durante miles de años. No en vano, la publicidad es responsable del 1% del consumo de energía a escala global y juega un rol en absoluto baladí en la producción de emisiones de dióxido de carbono.

Cada impresión publicitaria se traduce entre 0,1 y 1,1 gramos de dióxido de carbono. A estas emisiones hay que sumar las generadas por el usuario para consumir la publicidad que llega a sus ojos. La mayor parte de las emisiones de carbono que brotan de la industria publicitaria corren a cargo de la publicidad online. Las emisiones de carbono directamente provocadas por la red de redes constituyen, de hecho, el 3,7% de las emisiones de gases de efecto invernadero generadas en todo el mundo.

Resulta, por ende, evidente que si la publicidad quiere de verdad salvar el mundo debe tomar decisiones inevitablemente peliagudas por el bien de la humanidad. Y tales decisiones pasan de manera impepinable por reducir el volumen de publicidad, explica Thomas Koch en un artículo para Meedia.

Que la industria publicitaria contemple realmente la posibilidad de practicar la «automutilación» para salvar el mundo parece a bote pronto impensable, pero es también la única alternativa posible. Al fin y al cabo, sin planeta no hay posibilidad alguna de ganancia. Y si el planeta termina muriendo, los anunciantes no podrán tampoco explotarlo.

Recortar la inversión en publicidad para salvar el mundo no es tan difícil como parece a bote pronto

A la publicidad no le queda, por consiguiente, más remedio que «amputarse» a sí misma, pero, ¿dónde practicar la amputación? La respuesta a esta pregunta no es tan difícil como puede parecer a priori.

Hay que menguar la publicidad (y el consumo de energía a ella solapado) allí donde esta no funciona. Y donde la publicidad anda particularmente a la gresca con la eficacia es en la red de redes (que es, casualidades de la vida, la principal causantes de emisiones en la industria publicitaria). Conviene recordar que más del 70% de la inversión volcada en la publicidad online se diluye en la espesa neblina de la cadena de valor y jamás llega al consumidor real.

Semejante derroche de dinero echa raíces en el fraude y en la generación de falsas impresiones publicitarias por bots que fingen ser personas de carne y hueso. Y lo cierto es que rastrear las perversiones cometidas por tales bots no es en modo alguno complicado.

Si la industria publicitaria da esquinazo a la publicidad online ineficaz, las emisiones de CO2 generadas por la publicidad se reducirán a la mitad y los anunciantes verán además saneadas su cuenta al no incurrir en gastos del todo innecesarios. Quizás salvar el mundo no resulte una misión tan insoportablemente ardua para la industria publicitaria después de todo, concluye Koch.

 

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