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Ser un charlatán y decir muchas tonterías, ¿la clave para ser un gurú de la publicidad?

publicidadEn el universo financiero hay mil y una maneras de ser un idiota y de hacer perder a la gente dinero a raudales con idioteces disfrazadas de genialidades. Es lo que hacen, por ejemplo, algunos periodistas de finanzas que, con artículos aparentemente convincentes, se las ingenian para que los inversores metan su dinero en lugares que están después muy lejos de ser un bicoca.

La estulticia no es, sin embargo, patrimonio exclusivo de la finanzas, puesto que también hace de las suyas (pero bien) en el mundo de la publicidad. Un mundo en el que son los libros, los artículos y las conferencias con titulares más sonoros (y extremistas) los que acaparan todos los flashes.

Desde hace más de una década nuestros oídos están siendo taladrados por la muerte de la publicidad, la muerte de la televisión, la muerte de la radio, el milagro de la interactividad, la magia de la del social media marketing y tras muchas sandeces melodramáticas.

Durante los últimos años nos han bombardeado con supuestos consejos “marketeros” buenísimos que nadie con dos dedos de frente se tomaría la molestia de escuchar, pero que han desencadenado una suerte de histeria colectiva en la industria publicitaria, explica Bob Hoffman en su blog The Ad Contrarian.

¿Lo peor? Que la inversión en publicidad es mucho más compleja que la inversión en nuestras finanzas personales. A estas últimas les podemos seguir la pista a diario, pero las inversiones publicitarias y “marketeras” son mucho más difíciles de rastrear.

Cuando Pepsi lanzó el que tildó de mayor experimento de social media marketing de la historia, el denominado Pepsi Refresh Project, a la compañía le llevó un año (y cientos de millones de dólares) darse cuenta del monumental desastre que había pergeñado.

Es lo que pasa cuando a uno le da por seguir la exagerada retórica de los muchos idiotas que pululan en el universo de la publicidad. Unos idiotas que son capaces de comer la oreja hasta a los “marketeros” más experimentados.

Pero, ¿por qué los escuchamos? Porque en el mundillo publicitario uno no convierte en gurú proclamando a los cuatro vientos que las cosas van a seguir igual y no que no hay ningún terremoto en el horizonte.

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