Publicidad #SXSW es como Cannes Lions, pero sin publicitarios apocalípticos en chanclas

sxswEn el festival South by Southwest (SXSW) que celebra actualmente en la ciudad texana de Austin (Estados Unidos) se dan cita cada año músicos, cineastas, actores, estrellas de la escena “techie” y también, cada vez más, publicitarios.

De hecho, SXSW guarda un asombroso parecido con esa meca mundial de la publicidad que es Cannes Lions. El evento texano es exactamente igual al celebrado en la Costa Azul francesa, pero sin playa, sin rosé, sin publicitarios en chanclas que sentencian de muerte al spot de 30 segundos de toda la vida, y sin premios, esos que de puertas para fuera apenas tienen importancia y que de puertas para adentro hacen que algunos vendan su alma al diablo con tal de echarles el guante.

Sin embargo, y pese a su similitud con Cannes Lions, los publicitarios que se aproximan por primera vez a SXSW lo hacen con los mismos nervios y la misma excitación del primer día en la universidad y con la total seguridad de que su voraz hambre de novedades será convenientemente saciada, explica el publicitario Sönke Busch, de la agencia DOKYO, en un artículo para Horizont.

Y aunque a esos publicitarios se les quite tarde o temprano la venda de los ojos (al constatar que tan deslumbrante evento tiene no sólo luces sino también sombras), su decepción se convierte muy pronto de nuevo en ilusión al toparse de bruces con puertas que les zambullen en otros (maravillosos) mundos. En el fascinante mundo de A. J. Jacobs, por ejemplo, que aspira a reunir a toda la humanidad en un único árbol genealógico para hacer el planeta Tierra un mundo mejor.

Un tanto abrumados por una gigantesca oferta de más de 1.000 ponencias, los publicitarios noveles en SXSW se empapan del pensamiento crítico del profesor de cultura virtual Douglas Rushkoff y de las historias de los fundadores de AOL Jean y Steve Case. Después, y tras regar el gaznate con uno de los muchos dispensadores de agua que hay en SXSW asisten, con una mueca de asombro en el rostro y unos auriculares chillones en las orejas a la extravagante presentación de un coleccionista de sonidos. Y más tarde huyen como alma que lleva el diablo de una malísima presentación sobre Facebook y sus mil y un poderes.

En Austin una mera colección de ceros y unos se convierte en una visión, un cineasta aficionado pasa a ser de la noche a la mañana un “superstar” y un anodino algoritmo es capaz de mutar en una historia apasionante. Y los publicitarios asisten a esta interminable ristra de milagros, maravillas y extravagancias con el pasmo de quien ha visto esto mil veces antes (pero nunca como en Austin).

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