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El toro de Osborne, 60 años haciendo el "paseíllo" publicitario por las carreteras españolas

Solitario, colosal (puede llegar a medir hasta 14 metros de alto y pesar 5 toneladas) y absolutamente icónico. Así es el famoso toro de Osborne, que pese a su porte rozagante y erecto carga ya, quién lo diría, con 60 años sobre sus hercúleas espaldas.

El célebre bovino, que nació del vientre de la publicidad para convertirse después en hijo adoptivo de la cultura popular, paseó por primera vez (hace ahora seis décadas) su garbosa e imponente figura en el municipio madrileño de Cabanillas de la Sierra.

Y allí sigue el astado, aunque en una ubicación diferente a la que tuvo en un sus inicios. Actualmente el cornúpeta sale al encuentro de los conductores que recorren la A-1 a la altura del kilómetro 55. Antaño estaba emplazado en la Tierra de la Iglesia, al lado del antigua Nacional-1.

60 años después de que el toro más famoso de España decidiera instalarse en Cabanillas los 740 habitantes del municipio rezuman orgullo por contar con tan insigne vecino en su pueblo.

De hecho, gracias al astado esta localidad, que alberga tres ganaderías de toros bravos, está de moda y cuenta con la denominada “Ruta del Toro”, acondicionada por la Comunidad de Madrid la pasada primavera y convenientemente señaliza. “La verdad es que viene bastante gente a recorrerla”, asegura Antonio Olalla, alcalde Cabanillas, en declaraciones a El Mundo.

El germen del toro de Osborne comenzó a gestarse en 1956, cuando la compañía que le da nombre encargó a la empresa Azor unos carteles publicitarios que dieran cuenta de las bondades del brandy Veterano.

Manolo Prieto, director artístico de la compañía, se encargó del diseño del bovino, que originalmente tenía los cuernos blancos y lucía la palabra Veterano como mancha entrepelada en su cuerpo.

Osborne pensó en colocar a su “criatura” junto a las carreteras, en emplazamientos importantes. El primero, colocado a la entrada de Madrid por la Nacional-1, jugaba deliberadamente a sorprender a los conductores (así de “maquiavélicos” han sido siempre los publicitarios). Al fin y al cabo, “te encontrabas al toro a la salida de una curva cerrada”, recuerda Iván Llanza, director de comunicación del Grupo Osborne, en un reportaje publicado en El Mundo.

Sin embargo, la “sorprendente” ubicación original del primer toro de Osborne no convenció demasiado a Rafael Osborne McPherson, jefe por aquel entonces de la marca de bebidas espirituosas. Él deseaba que el astado se viera desde lejos, que dominara el paisaje, sin sorprender necesariamente a los conductores.

Y lo cierto es que su estrategia fue todo un acierto y fue la que acabó convirtiendo al celebérrimo astado en todo un símbolo, un símbolo al que las leyes han infligido unas cuantas “cornadas” de las que siempre ha salido afortunadamente ileso.

En 1962 una ley obligó al torno de Osborne a alejarse de la carretera y el cornúpeta hizo frente a la nueva legislación aumentando su tamaño y reemplazando la madera por el hierro.

Unos años más tarde, en 1988 una ley que prohibía la publicidad en los márgenes de la carretera casi condena a la extinción a los bóvidos. Los más de 500 que había por aquel entonces se quedaron en los 91 actuales, protegidos desde 1997 por el Tribunal Supremo, que los indultó aduciendo razones de “interés estético y cultural”. No en vano, el famoso célebre toro de Osborne ha logrado embrujar con su monumental belleza azabache a personalidades de la talla de Salvador Dalí, Keith Haring, Richard Avedon, Helmut Newton, Annie Leibovitz y Bigas Luna.

El astado tiene 60 años muy bien llevados, pero sus “padres” son conscientes de que los tiempos cambian y por eso, y para celebrar el 60º aniversario de su “criatura”, la Fundación Osborne ha instalado recientemente en El Puerto de Santa María (Cádiz) una “eco-valla” fabricada por vidrio reciclado que se ilumina por la noche.

En El Puerto de Santa María está ubicado precisamente Toro Gallery, un museo que recoge la historia de la que es sin duda la valla publicitaria más famosa de España.

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