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Un susto de muerte, un cadáver y mucha sangre: ¿vale todo en la publicidad de seguridad vial?

Hace unos días les hablábamos en MarketingDirecto.com de una agresiva campaña de MINI en la que la marca automovilística pegaba un susto de muerte a las mujeres instalando airbags ocultos en los baños públicos para intentar disuadirlas de maquillarse al volante.

Pues bien, resulta que esta campaña es en realidad bastante inofensiva, al menos si la comparamos con otra acción publicitaria en favor de la seguridad vial que nos llega en esta ocasión de Reino Unido.

Como en la acción de MINI, esta provocadora campaña, promovida por el Departamento de Transporte de Londres, tiene como un escenario un baño público, en este caso un baño público para hombres.

El Departamento de Transporte de Londres y la agencia londinense Leo Burnett instalaron un espejo falso en el baño público de un pub que hacía las veces del parabrisas de un automóvil.

Hasta aquí parece todo normal. Lo más macabro viene después. Cada vez que un joven entraba en el baño y se miraba en el espejo, un maniquí era propulsado desde la falsa luna recreando todos los horrores que conlleva un accidente de tráfico: estruendo, mucha sangre y cristales rotos.

Está claro que las “víctimas” de esta campaña publicitaria se llevaron un susto de muerte, pero ¿sirvió este susto para concienciarlas de no consumir alcohol antes de ponerse al volante? ¿Es realmente el miedo la táctica más efectiva en las campañas de seguridad vial?

 

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