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Willy Wonka: el escándalo que pone de relieve los peligros de la publicidad con IA

Los embustes de la publicidad con IA o cómo una "experiencia inmersiva" de Willy Wonka terminó en drama

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra

Que la publicidad con IA puede ser potencialmente muy peligrosa ha quedado demostrado en el escándalo propiciado por una supuesta "experiencia inmersiva" consagrada a Willy Wonka.

La inteligencia artificial (IA) ha terminado convirtiéndose en absolutamente ubicua en la industria publicitaria. Y se supone que pone un copioso torrente de creatividad e inspiración a disposición de las marcas y las agencias. Sin embargo, el portentoso dúo formado por publicidad e IA tiene también un reverso mucho más tenebroso y puede convertirse en cómplice de viles embustes dirigidos específicamente a engañar (y estafar) al consumidor.

Que la publicidad con IA puede ser potencialmente muy peligrosa ha quedado demostrado de manera absolutamente flagrante en el escándalo propiciado por una supuesta «experiencia inmersiva» consagrada a Willy Wonka, el entrañable personaje nacido de la pluma del escritor británico Roald Dahl e interpretado en la gran pantalla por Gene Wilder, Johnny Depp y Timothée Chalamet.

Bautizada con el sugestivo nombre de «Willy’s Chocolate Experience» y celebrada en Glasgow (Escocia), esa «experiencia inmersiva» se anunció apoyándose en coloridas imágenes generadas con IA que hicieron creer a los asistentes que iban a ser confrontados con mágicos universos similares a los mostrados en las películas Un mundo de fantasía (1971), Charlie y la fábrica de chocolate (2005) y Wonka (2023).

«Willy’s Chocolate Experience» se anunció con publicidad generada con IA

Los jubilosos anuncios con los que se promocionaba esa experiencia falsamente inmersiva nada tenían que ver, no obstante, con la realidad, que resultó ser más bien lóbrega. La experiencia se desarrollaba en lo que los asistentes describen como un almacén vacío aderezado con unos pocos y deslustrados ornamentos inspirados en la fábrica de chocolate de Willy Wonka. Y pese a su nombre sugiere que la experiencia de marras orbitaba en torno al chocolate, quienes tuvieron la ocasión de visitar el evento fueron agasajados meramente con medio vaso de limonada con dos «jelly beans».

«Había quizás 20 sillas, un par de mesas y castillo hinchable inflado solo a medias», explica Stuart Sinclair, que acudió con sus tres hijos al evento, en declaraciones a The New York Times. Las fotos de la experiencia, que inciden en la escasa decoración del evento y el semblante sombrío de los «oompa loompas» que allí tomaron parte, se han hecho virales en las redes sociales.

El fraude solapado al evento (cuyas imágenes resultan en todo caso hasta cierto punto cómicas por su patetismo) ha hecho recordar a algunos el fiasco que provocó allá por 2017 Fyre Festival, que se anunció con toda una plétora de influencers y celebridades y acabó cancelándose in situ cuando quienes habían comprado las entradas (a precio de oro) habían llegado ya a las Bahamas, donde iba a celebrarse el evento.

Sin embargo, el caso de la «experiencia inmersiva» de Willy Wonka llama particularmente la atención por el importantísimo rol que ha desempeñado en el engaño la IA. Los anuncios de la experiencia eran pródigos en errores tipográficos, como suele ser habitual en las imágenes generadas con IA, de acuerdo con una investigación emprendida por Business Insider. Y no solo eso. Uno de los actores involucrados en el evento ha acusado a House of Illuminati, la empresa organizadora del evento, de usar también la IA para escribir los textos sobre la experiencia, que contenían frases sin sentido y hacían mención a extraños personajes que no aparecen ni en los libros de Roald Dahl ni en los filmes sobre el personaje creado por el autor británico.

La web en la que se promocionaba el evento evitaba incluir fotos reales de la experiencia y utilizaba en su logar coloridas ilustraciones creadas a todas luces con IA que prometían «una fantasía de chocolate», «mágicas sorpresas» y «milagros ópticos».

Sin embargo, a quienes pagaron 35 libras por las entradas ni siquiera se les ofreció chocolate en ningún momento (y eso que la experiencia se llamaba «Willy’s Chocolate Experience»).

El evento fue tan pésimo (y hasta cierto punto abracadabrante) que algunos niños terminaron al parecer llorando a lágrima viva y la policía se personó en el lugar, lo que desembocó en que la experiencia fuera clausurada el pasado sábado por la tarde.

¿Debería la publicidad informar al consumidor de que la IA ha estado involucrada en su creación?

House of Illuminati, la compañía detrás de la experiencia, se ha comprometido, eso sí, a devolver el dinero de las entradas a quienes las compraron creyendo a que iban a zambullirse en un maravilloso y goloso universo de fantasía.

El escándalo que ha brotado de las entrañas de la «experiencia inmersiva» de Willy Wonka ha sido, pese a su viralidad, de hechuras más bien reducidas (al menos si lo comparamos con el infausto Fyre Festival), pero es en todo caso una advertencia de los peligros que habitan potencialmente en las entretelas de la publicidad con IA, que utilizada de manera espuria puede ser perfectamente secuaz del fraude.

Una solución a tales peligros sería que la publicidad se tomará la molestia de informar al consumidor de que la IA ha estado involucrada en su creación, que es lo que desea, de hecho, buena parte de la gente. De acuerdo con un estudio emprendido en Estados Unido por Publicis Media y Yahoo, el 61% de los consumidores asumen que la IA se utiliza en muchos de los anuncios que desfilan frente a sus ojos, pero confiesan simultáneamente no tener muy claro cómo identificar la publicidad que es fruto de la tecnología de moda. Quizás por esta razón solo el 38% de los consumidores contempla de manera positiva la publicidad con IA.

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