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¿Por qué la creatividad necesita seguir su propio camino?

Aunque muchas veces se recurre a la palabra "productividad", pocas se piensa en lo que realmente significa. Por un lado, implica "la cualidad de ser productivo" y, por otro, "la tasa de producción por unidad". Es fácil imaginar cómo controlar la producción en ciertos contextos, como en una fábrica, pero ¿qué pasa cuando la productividad depende de la creatividad?

Es decir, no todos los trabajos son iguales. Hacer una llamada o fabricar tornillos es una cosa, trabajos más o menos controlables, pero escribir X páginas de un libro en un tiempo determinado, con la misma calidad, es prácticamente imposible.

En The Gift: Creativity and the Artist in the Modern World (El don: la creatividad y el artista en el mundo moderno) Lewis Hyde establece una distinción bastante elegante entre “trabajo” y “labor creativa”. Según Hyde, “el trabajo es lo que hacemos a la hora. Empieza y, si es posible, lo hacemos por dinero”, como ensamblar coches en una cadena de montaje, lavar platos, andar en círculos en un hospital psiquiátrico o recoger espárragos, explica. En cambio la labor creativa “establece su propio camino. Puede que nos paguen por ello, pero es más difícil de cuantificar. Escribir un poema, criar a un hijo, desarrollar un nuevo cálculo, resolver una neurosis, la invención en todas sus formas”.

Para Hyde, el trabajo es una actividad intencional que se consigue a través de la voluntad. En cambio, un trabajo creativo puede ser intencional, pero sólo hasta cierto punto, como establecer el ámbito de trabajo o evitar hacer cosas que podrían bloquear la creatividad. Fuera de eso, la creatividad sigue su propio camino. “No hay tecnología, no hay dispositivo para ahorrar tiempo que pueda alterar el ritmo de la labor creativa. Cuando el valor de este trabajo se expresa en términos de intercambio de valor, entonces, la creatividad es automáticamente devaluada cada vez que hay un avance en la tecnología del trabajo.

En el ámbito publicitario, como en otras muchas profesiones en las que la creatividad es clave, muchas veces se tiende a comprar el ritmo laboral con el ritmo creativo. Pero cuando se confunden se cae en la ilusión de una creatividad que puede ser gestionada o medida pero que, realmente, sólo puede ser señalada. Por mucho que se cree el tiempo, el espacio y la experiencia para generar trabajos creativos increíbles, no hay una poción mágica ni un dispositivo avanzado que puedan alterar el ritmo de la invención. Y es que, en un mundo en que tenemos que tenerlo todo bajo control, parece que todavía quedan procesos que no pueden ser acelerados.

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