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3 rasgos que distinguen a los líderes "pata negra" de los que son simplemente del montón

lideresLos mejores líderes, aquellos que han convertido el liderazgo en una suerte de arte, son dueños de un aura muy especial que les hace ser diferentes del común de los mortales.

Está claro que los campeones del liderazgo están hechos de otra pasta, ¿pero qué ingredientes hay en esa pasta? Para intentar responder a esta pregunta Russell Reynolds Associates y Hogan Assessment Systems han puesto bajo la lupa a 900 CEOs procedentes de todos los rincones del planeta. Y si hacemos caso de las conclusiones de su informe, estos son los rasgos que hacen únicos (y ungen con el éxito) a los grandes líderes:

1. Albergan en sus entrañas grandes dosis de propósito, pasión y urgencia
Los buenos líderes utilizan sus propósitos y objetivos personales y profesionales como una especie de brújula interna y no pierden jamás de vista las metas que tienen entre ceja y ceja. Los grandes líderes supuran además pasión por todos sus poros, una pasión que se refleja en la intensidad y la emoción genuina con la que se aproximan a los objetivos que se han marcado previamente. Un buen líder se caracteriza también por su sentido de la urgencia, por su impaciencia y por su tenaz perseverancia a la hora de progresar.

2. Saben separar el grano de la paja en la información que llega a sus ojos
Los líderes, ya sean buenos o malos, están obligados a lidiar a diario con toneladas y toneladas de información y a supervisar asimismo un buen número de iniciativas y proyecto. Por esta razón, los mejores líderes terminan siendo aquellos que saben detectar señales en medio del mundanal ruido. Tienen además muchísimo olfato para identificar desafíos, amenazas y oportunidades, saben priorizar y son capaces de tomar decisiones difíciles (tomando como punto de referencia fuentes de información independientes y muy diferentes entre sí).

3. Son humildes, están siempre aprendiendo y estás prestos a colaborar con los demás
Los buenos líderes son perfectamente capaces de actuar de manera independiente, pero no les duelen tampoco prendas a la hora de reconocer que ni saben ni pueden hacerlo todo por sí solos. Son conscientes de que no son omnipotentes y por eso no tienen miedo de apoyarse en otras personas para buscar nuevas ideas y nuevos puntos de vista. El afán de los grandes líderes, que absorben la información que sale a su paso como auténticas esponjas, es dar caza a las mejores ideas, independientemente de su procedencia.

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