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3 sencillos trucos que le convertirán en un mago de la productividad en el trabajo

magiaLa productividad, ese bien tan escurridizo que se les escapa a muchos entre los dedos en el transcurso de sus maratonianas jornadas laborales, es el codiciado objeto de deseo de los «marketeros» (y también de quienes no se dedican profesionalmente al marketing).

Pero, ¿qué hay que hacer para ser productivo y no morir en el intento? Básicamente hay que pertrecharse de las tácticas adecuadas (y ser lo suficientemente constante como para aplicarlas a rajatabla).

Si anda constantemente a la gresca con la productividad, le proponemos limar asperezas con ella echando mano de los sencillos trucos que propone a continuación Inc.:

1. Tenga todo atado y bien atado
Cada lunes preocúpese de revisar concienzudamente su agenda para el resto de la semana. Evitará así sorpresas desagradables (y descuidos “tontos”) que podrían socavar su productividad. Aprenderá además a priorizar y dar a cada cosa en su (interminable) agenda la importancia necesaria. Tómese tiempo para planear (y vencerá).

2. Desarrolle rutinas semanales (no diarias)
Nuestros niveles de energía son una auténtica montaña rusa y suben y bajan como la espuma a lo largo de la semana. Los lunes y los martes es mejor, por ejemplo, evitar a toda costa las reuniones (muchas veces inútiles) y reservar estos dos días para las tareas más importantes y exigentes. Al inicio de la semana estamos lógicamente mucho más llenos de energía y si tenemos por delante labores particularmente difíciles, es mejor dejarlas para los lunes y los martes. Cada persona es, no obstante, un mundo y debe aprender a ajustar su calendario semanal de tareas a sus propios niveles de energía. ¿La clave? Hacer las tareas adecuadas en el momento adecuado de la semana. Si no tiene tanto control sobre su agenda semanal como para reservar ciertos días de la semana para determinadas tareas (y viceversa), bloquee al menos dos horas a la semana para tareas absolutamente prioritarias (que no admitan mayores dilaciones).

3. Utilice el truco de los 10 minutos de concentración
Ponerse manos a la obra y comenzar a trabajar es tremendamente doloroso. Pero siempre podemos engañar a nuestro cerebro con un truco muy sencillo. ¿Cómo? Forzándonos a nosotros mismos a concentrarnos única y exclusivamente en una sola cosa durante un periodo de al menos 10 minutos (y sin ningún tipo de interferencia). Cuando transcurran esos 10 minutos (que se nos pasarán volando), querremos casi con toda seguridad seguir trabajando porque habremos conseguido embaucar al cerebro. Este truco es particularmente útil durante las primeras horas de nuestra jornada laboral, que suelen ser siempre las más duras y sujetas a distracciones.

 

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