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Estas trampas mentales matan la productividad

5 errores mentales que ponen a la productividad la soga al cuello

A menudo nuestra productividad se desangra por culpa de falacias mentales muy específicas que anidan en nuestras cabezas. Estas son las más corrosivas.

productividadProbablemente se sienta frustrado de vez en cuando por las poquísimas tareas que ha logrado tachar de su larguísima lista de tareas al final del día. Y debería saber que no es el único que se siente atenazado por el sentimiento de culpa emanado de su propia improductividad.

Según un informe de RescueTime, sólo el 26% de la gente se las ingenia para abandonar la oficina habiendo acometido todas las tareas que se había propuesto hacer a lo largo del día.

Es evidente que como humanos que somos no podemos pretender ser robots de la productividad y optimizar todos y cada uno de los segundos de nuestra vida.

Sin embargo, podemos dar brillo y esplendor a nuestra propia productividad zafándonos de algunos errores mentales, los que disecciona a continuación Harvard Business Review:

1. Sobrestimar el tiempo que conseguimos estar concentrados a lo largo del día

Los proyectos creativos a largo plazo, el pensamiento estratégico y la construcción de relaciones (a ser posible duraderas) requieren elevadas cantidades de concentración.

A menudo pecamos de optimistas y nos convencemos de que tenemos en realidad todo el día para hincar el diente a este tipo de tareas. ¿El problema? Que las reuniones, los emails y las llamadas telefónicas engullen buena parte de nuestro tiempo en la oficina, tanto que la gente dispone habitualmente de tan solo una hora y 12 minutos de tiempo 100% libre de interrupciones a lo largo del día.

Si admitimos que vamos a disponer en realidad de muy poco tiempo ajeno a las interrupciones en nuestra jornada laboral, seremos más certeros dando prioridad a aquello que realmente lo requiere y protegiéndonos de eventuales distracciones. Por eso, cuando sepamos que vamos a tener al menos entre 60 y 90 minutos libres, deberíamos dedicar ese tiempo a tareas verdaderamente enjundiosas y necesitadas de concentración. Cuando seamos conscientes, en cambio, de vamos a estar lastrados por las interrupciones, deberíamos volcar nuestros esfuerzos en tareas más livianas y de carácter meramente administrativo.

Optimizando la productividad dejando atrás corrosivas falacias mentales 

2. Pasar por alto métodos (de probada eficacia) que parecen excesivamente aburridos o simples

Probablemente hayamos oído hablar miles de veces que la meticulosa planificación de todas las tareas que vamos a emprender nos ayudará a sortear eventuales obstáculos. Y también que dividir tareas de gran envergadura en tareas más pequeñas nos ayudará a reducir de manera considerable nuestra fatiga mental. Sin embargo, a menudo desechamos tales trucos por considerarlos viejos y apolillados.

Puede que dueños de un sentido del individualismo excesivamente exacerbado, nos cueste asumir como propias soluciones aparentemente trilladas (por ser utilizadas por todo el mundo). Pero pensando de esta manera estaremos incurriendo obviamente en una trampa mental.

3. Pensar en el cambio como en un «todo o nada»

En ocasiones sospechamos que un pequeño cambio en nuestros hábitos podría ayudarnos a ser más productivos, pero aun así psicológicamente nos resistimos a acometer el cambio de marras porque tendemos a pensar en los cambios como en un «todo o nada».

Si en lugar de maximizar minimizamos y quitamos hierro a los cambios que nos disponemos a emprender, nuestra resistencia a los cambios menguará notablemente.

4. Olvidar cómo se hacen tareas recurrentes pero infrecuentes

Si somos conscientes de que tarde o temprano nos volveremos a enfrentar una tarea rutinaria pero latosa, deberíamos tomarnos la molestia de tener a mano instrucciones para acometerla sin perder nuestro valioso tiempo.

5. Subestimar los costes de las tareas que son a bote pronto insignificantes

Esos 10 minutos que invertimos buscando nuestras llaves o respondiendo a un email que no precisa una respuesta inmediata parecen pocos, pero sumados a otras muchas «naderías» esos 10 minutos terminan devorando una buena porción de nuestro tiempo.

Por eso conviene aprovisionarse de sistemas para cortar las alas a tareas insignificantes que nos roban tiempo para las tareas verdaderamente importantes y prioritarias.

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