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Pensar (de más) en veneno en estado puro en el trabajo

5 pensamientos improductivos que debería "estrujar" y arrojar a la papelera cuanto antes

A algunas personas les gusta dar y dar vueltas a las cosas hasta quedar atrapadas en un laberinto (mental) sin salida. Y aunque ejercitar la mente es bueno, hacerlo en exceso puede llegar a “chamuscarla”.

Particularmente proclives estamos (algunos lo están al menos) a repensar y repensar aquello que acontece en el universo laboral. Pensamientos obsesivos (e improductivos) hay muchos en el trabajo, pero estos que recoge a continuación Fast Company son probablemente los más venenosos:

1. Estar obsesionados con los que nuestros superiores piensan de nosotros
Es completamente natural querer gozar de una buena reputación profesional a ojos de nuestros jefes, pero obsesionarse con ello puede resultar tremendamente peligroso. A menudo las personas pecan de egocéntricas y se olvidan de que sus superiores no tienen que juzgar única y exclusivamente a ellos sino también a los demás. Y cuando reciben por parte de las personas a su cargo señales (aunque sean mínimas) de que algo no es de su gusto terminan zambulléndose en una espiral de frustración.

2. Buscar la perfección en todo lo que hacemos
Cuando tenemos algo entre manos, buscamos lógicamente hacer un buen trabajo. Sin embargo, una cosa es hacer un bueno trabajo y otra bien distinta buscar compulsivamente la perfección y perderse en un marasmo de diminutos y casi microscópicos detalles. Cuando nos enfrentamos a un proyecto en el trabajo, debemos confiar en el instinto y dejar de retocarlo cuando sentimos que éste refleja adecuadamente nuestro esfuerzo y se ajusta a los requisitos.

3. Sentirnos frustrados porque nadie se hace eco (aparentemente) de nuestras preocupaciones
Algunas personas graban a fuego en su cerebro pequeños gestos (aparentemente negativos) por parte de sus colegas y sus superiores y hacen una auténtica montaña de un granito de arena. Además, cuando expresan abiertamente sus miedos y constatan que nadie los comparte, se sienten aún más frustradas (y más vueltas dan a las cosas). Puede resultar un pensamiento desolador, pero si somos los únicos que vemos las cosas de una manera muy concreta (y generalmente lóbrega), puede que no tengamos razón.

4. Sentimos que jamás (hagamos lo que hagamos) somos lo suficientemente buenos
Si nos sentimos culpables (de manera crónica) por sentir que no estamos a la altura de nuestros colegas de trabajo, podríamos sufrir el denominado síndrome del impostor (o el infundado temor de que somos un fraude a punto de ser puesto al descubierto). Este síndrome, muy común en los profesionales más bisoños, se supera haciendo pequeños pero significativos progresos (y evitando la comparación constante con los demás).

5. Preocuparnos por cosas que en realidad no lo merecen
A veces nos obsesionamos con errores (una errata en un email o un pequeño traspié en una presentación) que, vistos en perspectiva, carecen totalmente de importancia. Los errores (y más que aquellos que son insignificantes) son un peaje necesario que hay que pagar para aprender y seguir creciendo a nivel profesional.

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