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Así se levanta y se hunde la moral de los empleados

5 pequeñas cosas que suben la moral a los empleados (y otras 4 que la hunden en la miseria)

La motivación de los trabajadores se levanta (o en su defecto se desploma) cuando los jefes ponen en práctica pequeños pero significativos gestos.

empleadosQue un empleado se sienta reconocido en su trabajo es absolutamente vital para que mantenga incólume su motivación y se sienta con ganas de asumir nuevos retos.

En que los trabajadores se sientan a menudo poco apreciados en las empresas a la que prestan sus servicios influye la actitud de sus jefes, huérfanos a veces de todo sentido de liderazgo y con pocas o nulas ganas de tender puentes con sus subalternos.

Para que la moral de los empleados no se hunda los jefes pueden hacer pequeños gestos (que marcan, sin embargo, la diferencia). Estos que repasa a continuación Harvard Business Review son algunos de los más eficaces:

1. Interactuar a menudo con los trabajadores

Algo tan simple como un «hola» o un «¿qué tal?» pueden convertirse en interacciones de enorme valor entre jefes y empleados. Estas pequeñas pero relevantísimas interacciones impiden en último término que los trabajadores se sientan invisibles y les brindan la oportunidad de compartir experiencias con sus superiores.

2. Otorgar a los empleados un «feedback» equilibrado

Los trabajadores desean saber tanto aquello que están haciendo bien como aquello que es susceptible de mejora. En el «feedback» proporcionado a sus subordinados un buen jefe debe procurar mantener el equilibrio y dar una de cal y otra de arena a la hora de valorar su trabajo. Se trata de nivelar las lisonjas con las críticas.

3. Ofrecer a la plantilla oportunidades de desarrollo

Un empleado desea conocer por qué derroteros transcurrirá su carrera en el futuro. En este sentido, que un jefe se tome la molestia de explorar oportunidades de desarrollo profesional con él es síntoma inequívoco de que la empresa le otorga valor como trabajador.

4. Brindar flexibilidad a la plantilla

Si los jefes dan a sus subordinados la oportunidad de trabajar de manera remota de vez en cuando o les invitan simplemente a incorporarse más tarde a su puesto de trabajo cuando el día anterior han trabajado hasta tarde, estos interpretarán inmediatamente el gesto como una señal de aprecio.

5. Convertir en un hábito las interacciones con los empleados

Que un jefe se tome la molestia de invertir unos pocos minutos de su tiempo para comunicar a un empleado en particular lo que más valora de su contribución a la compañía tiene un impacto tremendo en su moral. Y si el superior adopta además este proceder de manera rutinaria, el impacto se multiplica exponencialmente.

Hay muchas maneras (más o menos sencillas de levantar la moral a un empleado), pero también otras muchas que obran el efecto contrario. Estas son quizás las más perniciosas:

1. Expresiones de gratitud que pecan de poco auténticas y son excesivamente generales

El aprecio necesita ser específico y genuino. No es lo mismo un «gracias» vacío y huérfano de explicaciones que un «gracias» acompañado de las razones que han motivado su expresión en primer lugar.

Para estar revestida realmente de valor la gratitud debe ser oportuna, relevante y sincera.

2. Ignorar costumbres corporativas de naturaleza estándar

Algunos jefes creen que ciertas costumbres corporativas como los premios a los mejores empleados o las revisiones anuales y trimestrales de los objetivos alcanzados por un trabajador son una mera pérdida de tiempo. Pero pasarlas completamente por alto puede ser interpretado por la plantilla como un síntoma de poco aprecio.

3. Contemplar al empleado con un ente aislado y totalmente ajeno al resto de sus compañeros

Para un empleado es importante conocer no sólo el valor de su trabajo en el plano puramente individual sino también dentro del equipo al que está circunscrito dentro de la compañía.

4. Cambios repentinos o aparentemente inexplicables en las expresiones de gratitud

Si durante un tiempo un jefe ha descuidado las expresiones de aprecio dirigidas a su plantilla, no debe tratar de compensarlas de manera tan exagerada como atropellada. Esta conducta puede resultar poco sincera a ojos de los empleados. Hay que tener además en cuenta la particular manera en que un trabajador quiere ser reconocido. Algunos disfrutan más de las expresiones de gratitud cuando se hacen en público. Otros prefieren, en cambio, que éstas se hagan en privado.

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