Tendencias

La (inevitable) metamorfosis del CEO en idiota

5 razones por las que los CEOs se convierten en idiotas redomados

Que un CEO acaba metamorfoseándose con el tiempo en un idiota integral es algo que parece estar (desgraciadamente) solapado a su cargo. ¿Por qué? Por estas razones.

CEOsJefes malos hay muchos. Buenos, sin embargo, no hay tantos. ¿Por qué? Quizás porque buena parte de los CEOs son víctimas (tarde o temprano) de una contagiosa enfermedad que les inocula el virus de la imbecilidad más impertinente y les termina convirtiendo en criaturas absolutamente abominables.

Un CEO se convierte en un idiota por toda una miríada de razones, pero estas que disecciona a continuación Inc. son quizás las más frecuentes:

1. Agotamiento

En parte porque aman apasionadamente su trabajo y también porque aspiran a convertirse en “role models” a ojos de sus empleados, muchos CEOs invierten muchísimas horas en sus quehaceres laborales. Absorbidos por su propio trabajo, la mayor parte de los consejeros delegados no duermen lo suficiente, y sin el bueno de Morfeo a su vera, están permanentemente exhaustos y por culpa de la crispación emanada del cansancio tratan a patadas a cuantos están a su alrededor (a fin de aliviar el estrés).

2. Inseguridad

El de CEO es un puesto increíblemente difícil de desempeñar (en todas y cada una de las etapas de crecimiento de una compañía). En una startup el CEO debe hacerlo todo o casi todo (como una suerte de hombre orquesta) y, a medida que la compañía que lidera crece, debe aprender simultáneamente a delegar y proveerse de nuevas habilidades. Como consecuencia de la complejidad inherente a su trabajo un CEO siente que camina perpetuamente por la cuerda floja y que no está en realidad a la altura de lo que se espera de él.

3. Grandiosidad

La grandiosidad es lo opuesto a la inseguridad y ambas son, sin embargo, las dos caras de una misma moneda. Cuanto más insegura es una persona en su interior, más grandiosa tiende a parecer de la cara a la galería (luciendo prendas carísimas, por ejemplo). La grandiosidad está estrechamente emparentada con la imbecilidad porque termina reduciéndolo todo a una audiencia (aquella a la que se expone el CEO) que por definición es impepinablemente menos importante que el “pez gordo”.

4. Riqueza

Los CEOs que tienen el éxito a su vera tienen también la billetera increíblemente abultada. La ciencia ha demostrado, no obstante, que a medida que las personas adquieren más riqueza, menos predispuestas están también a desarrollar empatía hacia los demás. Los conductores de coches de lujo están, por ejemplo, más prestos a cortar el paso a otros vehículos en una intersección y también a no dar prioridad al peatón. Los CEOs no son ni mucho menos inmunes a esta tendencia. De hecho, aquellos jefes con las arcas llenas hasta la bandera son generalmente muchos más idiotas que aquellos que son ricos de manera sólo moderada.

5. “Role models”

A menudo los CEOS se convierten en idiotas porque muchos de sus héroes (Steve Jobs, por ejemplo) se precian de comportarse como auténticos imbéciles (al menos a veces) y su actitud parece a priori digna de imitar. En lugar de rendir culto a ídolos empresariales del siglo XX, las marcas deberían mirar más allá y bucear en la historia para fijar la mirada en “role models” famosos por conjugar humildad y liderazgo.

Te recomendamos

Eficacia

Atresmedia

ADN by DAN

EL OJO

Compartir