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5 razones para asestar ahora mismo una puñalada a la palabra "consumidor"

consumidorDurante las últimas décadas el marketing ha vivido pegado como una lapa a una palabra aparentemente inofensiva pero cargada, sin embargo, de veneno: la palabra "consumidor".

No lo parece, pero la palabra "consumidor" es absolutamente tóxica en el universo "marketero" y se merece que la asesinemos cuanto antes por las razones que enumera a continuación Forbes:

1. La palabra “consumidor” echa raíces en un modelo económico anticuado
La palabra consumidor deriva del vocablo latino “consumere” (tomar entera y conjuntamente, consumir, agotar, desgastar). Su etimología hace, por lo tanto, referencia a un modelo económico basado en el codicioso agotamiento de los recursos. En una era en la que los recursos no pueden permitirse ya el lujo de ser agotados, la palabra “consumidor” ha dejado de tener sentido. En pleno siglo XXI, y ahogados por problemas como la polución y el cambio climático, no se trata de incrementar el consumo de los recursos a nuestra disposición sino de intentar reducir ese consumo.

2. La palabra “consumidor” no está sintonía con la cultura actual
El entusiasmo de la gente a la hora de gastar se está alejando de los objetos para poner el acento en los servicios y las experiencias. Y los servicios y las experiencias no son cosas que consumimos sino que hacemos. A todo ello se une que en la era de la economía compartida hay que cada vez menos consumidores en el estricto sentido de la palabra.

3. La palabra “consumidor” es absolutamente miope
Al poner el foco única y exclusivamente en los momentos y las emociones que hay en torno al consumo, la palabra “consumidor” es corta de vista y no mira más allá. Las marcas deben aspirar a conectar con las personas no sólo como consumidoras sino también como seres humanos y para eso necesitan curarse de la “miopía” a la que les condena la palabra “consumidor”.

4. La palabra “consumidor” postula la pasividad
La palabra “consumidor” relega a las personas a un papel absolutamente pasivo. El objetivo es ingeniárselas para que consuman más, obviando por completo lo que ellas quieren de verdad hacer por sí mismas. Las marcas producen y los consumidores, condenados a ser sujetos pasivos, simplemente consumen. En la era 2.0, en la que el consumidor tiene más poder que nunca y con un simple tuit puede hacer añicos la reputación de una empresa, el consumidor no es ese ser pasivo (y casi pusilánime) al que se empeña en condenarle la palabra “consumidor”.

5. La palabra “consumidor” deshumaniza a las personas
Quizás el mayor pecado de la palabra “consumidor” es que sentencia a las personas a ser títeres en manos de las marcas y que, por consiguiente, es un vocablo profundamente deshumanizante. ¿Por qué no utilizar palabras más humanas como “persona”, “invitado” o “participante” para referirse al “consumidor”?

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