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Así pueden los líderes ayudar a sus empleados a lidiar con el 'home office'

5 salvavidas que deben arrojar los jefes a sus empleados para no ahogarse en el teletrabajo

Solapados al teletrabajo hay no solo beneficios sino también un buen puñado de desafíos que quienes tienen la vitola de líderes dentro de las empresas deben hacer frente de manera urgente.

teletrabajo

Autor de la imagen: Berin Holy

Parece peregrino planteárselo justo ahora, pero quizás en retrospectiva, cuando todo haya pasado, adjudiquemos al coronavirus el mérito de haber cambiado para siempre (y para bien) el mundo del trabajo. Así lo esperan muchos empleados ávidos de una mayor flexibilidad laboral y también innumerables compañías "techies" (en particular aquellas con el foco puesto en las videoconferencias y las plataformas de colaboración).

El teletrabajo, ese del que tantísimo echaban pestes algunos hasta hace no mucho, se han convertido hoy por hoy en la norma en la mayor parte de las empresas. Pero solapados al "home office" hay no solo beneficios sino también un buen puñado de desafíos que quienes tienen la vitola de líderes dentro de las empresas deben hacer frente de manera urgente.

En un artículo para W&V Oliver Blüher desmenuza unos cuantos consejos que los jefes deberían poner en práctica para hacer más llevadero el teletrabajo a sus subordinados:

1. Permanecer en contacto con el equipo

A pesar de lo estresantes que puedan ser a menudo las jornadas laborales en casa, es importante que los líderes saquen algo de tiempo para las conversaciones individuales y de tú a tú con sus empleados.

Es absolutamente crucial que los trabajadores sientan que sus superiores están disponibles para ellos (aun trabajando en localizaciones diferentes).

Que haya de vez en cuando encuentros virtuales para tomar la temperatura de manera individualizada a los diferentes miembros del equipo puede obrar auténticos milagros desde el punto de vista de la moral y el rendimiento.

A la hora de entablar contacto con los empleados es preferible, por otra parte, refugiarse en los brazos de las videoconferencias para cortar las alas a eventuales malentendidos por la ausencia de lenguaje verbal.

2. Mantener la comunicación y estar disponible

Es crucial que los trabajadores sean perfectamente conscientes de que si necesitan ayuda y soporte, alguien va a correr en su auxilio pase lo que pase.

Puede que cada uno trabaje desde casa, pero eso no quiere decir que deba enfrentarse en solitario a la resolución de los problemas que salen a su paso.

Con las herramientas adecuadas de colaboración es posible que la comunicación fluya de manera transparente entre los diferentes miembros del equipo a fin de detectar posibles problemas y hallar soluciones para tales problemas de manera conjunta.

3. Destinar determinadas horas para labores de coordinación

Es bueno que los líderes establezcan determinados horarios cada día para que sus subordinados puedan comunicarse con ellos vía telemática y coordinar proyectos.

Para que el "home office" prospere los responsables de equipos deben hacer una lista con las personas con las que desean hablar cada día (aunque sea solo para comprobar cómo marchan los proyectos en los están involucrados y chequear su moral).

4. Enarbolar la bandera de la transparencia para evitar malentendidos

No hay que asumir nada por obvio que nos parezca a bote pronto. La claridad absolutamente prístina en las palabras escogidas y la comunicación permanente y sin cortapisas son absolutamente esenciales.

Un buen líder debe dar voz a aquello que tiene en mente con palabras tan perfecta como fácilmente comprensibles (y repetir el proceso tantas veces como sea necesario). Es importante entender que no todo el mundo maneja lamentablemente el mismo volumen de información.

Por eso es conveniente plantear preguntas explícitas a los empleados y fijar fechas tope indiscutiblemente claras a fin de cortar el paso a eventuales malentendidos.

5. Poner el foco en los resultados (no en el tiempo)

Ejercer de líder de manera remota exige una mentalidad radicalmente distinta que implica concentrarse no tanto en el tiempo que los empleados invierten en las tareas que se les han encomendado como en los resultados.

Bajo esta premisa hay que planificar no perdiendo jamás de vista una cosa: es esencial establecer objetivos claros al inicio de la semana y clarificar cuándo deberían ponerse los primeros resultados sobre la mesa.

Solo cuando a todo el mundo le haya quedado claro lo que deberá hacer en el transcurso de los próximos días, podrán ponerse a disposición de los directamente concernidos los recursos necesarios, podrán asignarse nuevas tareas y emergerán rápida y eficientemente los primeros resultados (en cuya consecución será vital la cooperación).

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