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5 valiosas lecciones de creatividad que se aprenden en la guardería

creatividadLa vida es definitivamente mucho más fácil cuando uno no levanta un palmo del suelo. Cuando somos niños, somos seres vírgenes que contemplamos el mundo sin los filtros tras los que nos parapetamos siendo adultos.

Sin tales filtros nuestra mente es no sólo mucho más elástica sino también mucho más creativa. Y es que la creatividad que todos llevamos dentro alcanza su punto culminante en nuestra más tierna infancia.

Nuestras obras maestras son esos torpes garabatos que dibujamos de niños y no las pulcras presentaciones y minuciosos informes que redactamos de adultos.

En realidad las mejores lecciones de creatividad se aprenden durante la niñez, cuando somos “renacuajos” que van todavía a la guardería. A continuación, y de la mano de The Huffington Post, repasamos algunas de esas lecciones:

1. Hacer preguntas
Cuando somos niños, somos curiosos y no tenemos miedo de preguntar para satisfacer nuestra curiosidad. Es más, somos tan, tan curiosos que preguntamos por todo. Sin embargo, cuando nos hacemos mayores, creemos falsamente que mostrar a las claras nuestra curiosidad es sinónimo de estupidez. Craso error porque las preguntas son un poderoso acicate de la creatividad que no debemos dejar de lado tampoco en la edad adulta.

2. Afrontar proyectos sin miedo
Siendo niños nos zambullimos en los proyectos que se nos presentan sin demasiadas expectativas. Lo importante es la diversión asociada a esos proyectos, no el resultado final de tales proyectos. Los niños se enfrentan a los proyectos que tienen entre mano sin miedos y la valentía forma un “matrimonio” muy bien avenido con la creatividad.

3. Dejar vagar la mente
Cuando somos niños, nos perdemos constantemente en nuestras propias fantasías. Cuando somos adultos, seguimos dejando vagar nuestra mente, pero nos recriminamos por ello, pensando equivocadamente que estamos perdiendo inútilmente el tiempo. En realidad, dejar que nuestra mente vaya a la deriva es muy bueno para la inspiración y la creatividad, tanto si somos niños como adultos.

4. No tomarse las cosas demasiado en serio
Los adultos tendemos casi siempre a tomarnos la vida demasiado en serio. ¿La consecuencia? Estrés y más estrés. Para combatir el estrés y los bloqueos creativos que llevan aparejados casi siempre los periodos de estrés, es recomendable imitar la despreocupación de los niños y reencontrarse así con las musas de la inspiración.

5. Jugar
Jugar no es una actividad limitada única y exclusivamente a los niños. Jugar, tanto si somos niños como adultos, nos hace más felices y da fuelle a nuestra creatividad.

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