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A LA BÚSQUEDA DE LOS OCÉANOS AZULES

Existen dos tipos de mercado básicos dentro del mercado general, según argumentan Kim y Mauborgne. Por un lado están los “océanos rojos” y, por otro, los “océanos azules”, tal y como escribe Beatriz Soler en su reportaje para Expansión.

Los océanos rojos son aquellos mercados “caracterizados por tener unos límites definidos y unas reglas competitivas asumidas por las empresas que en ellos operan”, comenta Soler. Son mercados en los que la competencia es feroz, y el objetivo principal de una empresa es hacerse un hueco en la cota de clientes.

Por otra parte, los océanos azules son nuevos espacios de mercado, creados por determinadas empresas, en los que no aparece la competencia, o es ínfima. En los océanos azules “la demanda se crea y se capta, no se lucha por ella”.

La teoría clásica dice que para lograr una buena posición en las ventas de un producto, lo que hay que hacer es, o diferenciarlo de los demás que puedan serle competencia, o reducir el coste del mismo. Para que se cree un océano azul, lo que debe de hacerse es conjugar ambos modelos: diferenciación y reducción de precios.

A su vez, dentro de la concepción de océano azul, están surgiendo otro tipo de empresas que utilizan lo que Y. Moon denomina “posicionamientos disruptivos”. Son esas compañías que son capaces de diferenciarse de los competidores, no en una categoría de producto concreta sino en la propia categoría en su conjunto. Así surgen ejemplos de cómo determinados productos han logrado crear nuevas clasificaciones de sus productos dentro de las que ya existían, como la serie Los Simpson, Disney, eBay o Dell.

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