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Airbnb es un fantástico vendedor de experiencias, sí, y también de humo

airbnb«Como en casa donde vayas». Con este atractivo eslogan vende a bombo y platillo sus servicios Airbnb, la plataforma comunitaria para publicar, descubrir y reservar viviendas que está poniendo en un brete, con su creciente popularidad, a la tradicional industria hotelera.

Reservando alojamiento a través de la célebre startup estadounidense se supone que el turista goza de unos privilegios inaccesibles en un hotel convencional. Y es que más allá de brindar a sus clientes precios bastante más económicos que los de los establecimientos hoteleros convencionales, Airbnb se jacta de ofrecerles experiencias 100% auténticas de la mano de anfitriones que son, al parecer, el colmo de la hospitalidad.

Y decimos al parecer porque muchos de los anfitriones están bastante más interesados en los ingresos extra que pone en sus manos Airbnb que en cocinar especialidades culinarias locales para sus inquilinos y en llevarles, cual “cicerone”, a los rincones más emblemáticos de su lugar de residencia.

La interacción entre anfitriones e inquilinos en Airbnb no va allá del acto protocolario (y necesario) de la entrega de llaves, asegura Nora Noll en un artículo para Bento.

A juicio de Noll, curtida en mil y una experiencias “made in Airbnb”, esta plataforma no sólo no está haciendo del turismo algo más auténtico sino que lo está “matando”. ¿Por qué? Porque gracias a (o por culpa de) Airbnb, muchos ciudadanos están financiando sus vacaciones subalquilando sus viviendas en su lugar de residencia. ¿El resultado? Ciudades “muertas” llenas de viviendas de vacaciones y huérfanas por completo de autenticidad, la misma que pregona a los cuatros vientos Airbnb en su publicidad.

Tan “muertos” quedan algunos lugares supuestamente turísticos por culpa de Airbnb (y también de otros factores ajenos a esta compañía) que su publicidad (honesta y verdadera) debería ser así:

Aquellos que buscan viajes diferentes deberían alejarse, por lo tanto, de Airbnb y apostar por los hostels de toda la vida para conocer gente nueva (no queda otra cuando hay que compartir dormitorio con extraños) o también por la plataforma CouchSurfing, una alternativa (algo menos «cool») a la célebre startup norteamericana que pone en contacto a personas dispuestas a ceder su sofá a viajeros con hambre de aventuras y de hacer nuevas amistades.

 

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