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¿Por qué se olvidan tantos líderes de su humanidad?

En busca de la humanidad perdida de los jefes desalmados (e incompetentes)

jefesCuando el tema del liderazgo, inevitablemente ubicuo en el universo empresarial, sale a colación, muchos expertos coinciden en que señalar que ese liderazgo que algunos buscan con tantísimo denuedo consiste sobre todo y ante todo desaprender todo lo referido al management y reaprender la humanidad perdida por el camino.

El liderazgo es deudor en buena parte de la capacidad de los jefes para estrechar lazos personales (y también relevantes) con sus subordinados. Y más en los tiempos que corren, en los que los millennials son mayoría en buena parte de las empresas. La Generación del Milenio no se conforma con sueldos más o menos aceptables, primas y beneficios. Los millennials desean que el trabajo que desempeñan les llene y también que ese trabajo les procure cierta felicidad.

Hay, sin embargo, un problema: que aunque el 70% de los líderes se endilgan a sí mismos la etiqueta de “inspiradores” y “motivadores”, sus empleados tienen una opinión bien distinta al respecto.

Un informe publicado por Forbes concluyó que el 65% de los trabajadores renunciaría a un aumento de salario si eso significara el despido de su inmediato superior. Y un segundo estudio de Gallup llegó a la conclusión de que el 82% de los empleados calificaba a sus jefes de poco inspiradores.

En general, y tal y como pone sobre la mesa un informe de McKinsey & Company, cuando los empleados están motivados, están también un 32% más comprometidos y un 46% más satisfechos con su trabajo. Y no sólo eso. Su rendimiento es también un 16% superior.

Como seres humanos que somos, estamos todos impelidos por necesidades básicas como la felicidad, la conexión con otras personas y el afán por contribuir de manera positiva al trabajo y a la vida de los demás.

Si los líderes se toman la molestia de comprender adecuadamente tales necesidades, sus subordinados serán también probablemente más leales y más productivos y estarán también más comprometidos con su trabajo.

Los líderes, antes que jefes, son seres humanos. Y para redescubrir la humanidad que hay agazapada en sus entrañas pueden seguir los consejos que disecciona a continuación Harvard Business Review:

1. Ser personal
Los buenos líderes fusionan táctica y emoción en su toma decisiones a fin de no dejarse cegar por su estatus y su poder. Y cada vez que tienen que tomar una decisión, tratan de ponerse en los zapatos de los demás para dilucidar cómo afectará esa decisión a sus subordinados.

2. Ser consciente de sí mismo
Es imposible dirigir a otras personas cuando quien aspira a ser líder es manifiestamente incapaz de gobernarse a sí mismo. El liderazgo comienza por algo tan simple y tan complicado simultáneamente como comprenderse y gobernarse a uno mismo. Cuando los líderes se toman la molestia de entenderse a sí mismos, están también más predispuestos a comprender a los demás y a empatizar con ellos.

3. Ser desinteresado
El desinterés es uno de los principales pilares sobre los que se asienta el buen liderazgo. Ser líder no es mirarse el ombligo, es posar los ojos en las personas que están inmediatamente por debajo en el organigrama. El desinterés no significa, de todos modos, convertirse en una suerte de “felpudo” a ojos de los demás. El desinterés nace de la confianza en uno mismo, una confianza que se cuida de no velar única y exclusivamente por los intereses propios sino sobre todo y ante todo por los de los demás.

4. Ser compasivo
La compasión tiene un último objetivo en mente: procurar felicidad a los demás. Los jefes compasivos respaldan a sus empleados y custodian sus intereses. Y como consecuencia los trabajadores están más comprometidos con su trabajo y son también más fieles a la empresa que les tiene en nómina.

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