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¿Se funden nuestras neuronas con el teletrabajo?

5 claves para evitar que nuestras neuronas sufran un "cortocircuito" con el teletrabajo

Es evidente que trabajando desde casa ahorramos tiempo y dinero en desplazamientos (a menudo larguísimos) a la oficina y ganamos también en seguridad, pero ¿qué se va por el sumidero cuando apostamos por el "home office"?

teletrabajo cerebroDesde hace algunos meses estamos involucrados en el mayor experimento de «home office» en toda la historia del trabajo. El teletrabajo, que parecía hasta hace no mucho un privilegio reservado para solo unos pocos, se ha trocado en un lujo (o quizás un castigo) al alcance de casi todos.

Es evidente que trabajando desde casa ahorramos tiempo y dinero en desplazamientos (a menudo larguísimos) a la oficina y ganamos también en seguridad, pero ¿qué se va por el sumidero cuando apostamos por el «home office»? ¿Cómo afecta el trabajo en remoto a nuestro cerebro y a las labores que debemos acometer como parte de nuestras obligaciones laborales? ¿Mengua nuestra productividad cuando nos acogemos a la fórmula del «home office»?

En realidad con el teletrabajo podemos construir relaciones y comunicarnos de manera tan eficiente como como cuando estamos en la oficina, pero como no siempre es fácil dominar el arte del «home office», hay unos cuantos trucos a los que podemos recurrir para evitar que se nos «fundan» las neuronas con el trabajo en remoto.

En un artículo para Medium Hannah Clark Steiman disecciona algunos de esos trucos:

1. Levantar los cimientos de relaciones digitales es más fácil de lo que parece

En el trabajo en remoto la forja de relaciones puede llevar algo más tiempo, pero puede ser tan exitosa o más que en el trabajo presencial.

De hecho, la comunicación en remoto puede llegar a poner mejores resultados sobre la mesa que la presencial a la hora de hacer negocios porque contribuye a hacer más estrechos los lazos entre equipos.

Entre personas que no se conocen la comunicación digital da fuelle a la intimidad y espolea el intercambio de pareceres entre una y otra parte. Y de hecho, quienes se conocen entornos puramente digitales tienden a mostrar una mayor afinidad entre ellos que si se conocen cara a cara.

Según un estudio publicado en 2013 por Cyberpsychology, los lazos forjados entre personas que se conocen mediante videollamadas son idénticos a los que emergen de interacciones cara a cara. Tales lazos tienden, en cambio, a hacerse más más débiles cuando la comunicación tiene lugar vía audio y mensajes de texto.

¿La moraleja? Puede no parecerlo a bote pronto, pero las ubicuas videollamadas vía Zoom no menoscaban necesariamente las relaciones.

2. La frecuencia en las interacciones es vital

Generalmente asumimos que los empleados necesitan interactuar mucho entre ellos para acometer sus tareas, pero lo cierto es que ciertos roles exigen muy poco nivel de interacción (al menos en el plano 100% laboral).

Más allá de la interacción puramente laboral, está también obviamente la interacción de tipo social, que en el teletrabajo (y ante la ausencia de encuentros cara a cara) pueden trocarse en soledad.

Por esta razón es importante comunicarse de manera regular con los empleados y brindarles asimismo la oportunidad de interactuar con otros colegas invitándoles a tomar parte reuniones (aunque su presencia allí no sea 100% necesaria) u organizando fiestas virtuales.

3. Las negociaciones deben rubricarse con apretones de manos virtuales

En la era del teletrabajo los líderes deben pertrecharse de nuevas fórmulas para ganarse la confianza de los demás cuando se reúnen por primera vez con alguien (en particular cuando están en juego suculentos contratos).

Al parecer los negociadores que cierran sus negociaciones con un apretón de manos logran mejores resultados. Y quienes apuestan por el clásico apretón de manos están también menos predispuestos a mentir.

¿Quiere eso decir que las negociaciones en remoto están abocadas al fracaso? En modo alguno. El apretón de manos no es sino una señal de que va a haber cooperación entre una y otra parte y esa señal puede tomar perfectamente otra forma (generalmente verbal) cuando las negociaciones se canalizan en remoto.

Hay que asegurarse de que la negociación sea lo más amigable posible y después expresar verbalmente la intención de llegar a un acuerdo satisfactorio para ambas partes.

4. Las videollamadas son más complicadas que las reuniones en persona

Las videollamadas resultan más complicadas que las tradicionales reuniones en persona porque cuando nos embarcamos en ellas, estamos practicando el multitasking o bien resistiéndonos a caer atrapados en sus fauces.

Y lo cierto que el multitasking socava de manera notable nuestra productividad y nuestra capacidad de concentración.

Cuando estamos teletrabajando y tenemos, por ejemplo, el móvil muy cerca, nuestra capacidad cognitiva disponible se desliza por una empinada pendiente hacia abajo. Puede que de manera consciente no estemos pensando en nuestro teléfono móvil, pero el hecho de obligarnos a nosotros mismos a no pensar en él se lleva por delante algunos de nuestros limitados recursos cognitivos.

Algo similar sucede también en las videollamadas, cuando tenemos el ordenador al alcance de nuestra mano y no podemos evitar la tentación de estar involucrados en varias tareas a la vez.

Para mantener a raya las distracciones una buena opción es cerrar todas las aplicaciones y todas las pestañas del navegador y también abreviar en la medida de lo posible las videollamadas o hacer pausas al menos cada hora si éstas necesitan demorarse más tiempo.

5. El trabajo en remoto se traduce a menudo en más horas trabajadas

Aunque muchos prefieren el teletrabajo porque les permite mayor flexibilidad, lo cierto es que el «home office» es también un arma de doble filo.

De acuerdo con un informe de NordVPN Teams, la gente trabaja hasta 3 horas más a la semana cuando se acoge a la fórmula del teletrabajo.

Y a una conclusión similar llega otro segundo estudio de Owl Labs. Los trabajadores en remoto están hasta un 43% más predispuestos a exceder las 40 horas semanales que quienes trabajan de manera presencial.

En este sentido, el «home office» puede convertirse en la antesala del temido síndrome de «burnout».

Y cuando estamos acogotados por este síndrome, nuestro cerebro pierde la capacidad de cambiar de una tarea a otra de manera fluida, optimizar la energía y mantener un estado de ánimo positivo.

En este sentido, es importante que las empresas insten de manera tajante a sus empleados a descansar y a desconectar (imposibilitando, por ejemplo, que accedan a su email laboral fuera del horario de trabajo).

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