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Cuándo llega el momento de parar en la creatividad

"Cocinando" la creatividad: ¿Cuánto tiempo hay que tener en el horno las ideas?

En su aproximación a la creatividad los creativos se enfrentan constantemente a la cuestión de cuándo la idea a la que están dando forma es "suficiente".

creatividadQuienes se dedican profesionalmente a la creatividad son perfectamente conscientes de que la profesión que les ha tocado en suerte no tiene fin (de carácter obvio al menos).

Muchos creativos (por muchos años de actividad que carguen sobre sus espaldas) tienen dificultades a la hora de determinar el momento exacto en que deben arrojar el lápiz sobre la mesa. Si lo hacen demasiado pronto, puede que las ideas en las que ha estado trabajando se queden "crudas". Y si se demoran demasiado con la idea que tienen entre manos, la creatividad corre el riesgo de entrar en un pernicioso bucle del que es imposible escapar.

En su aproximación a la creatividad los creativos se enfrentan constantemente a la cuestión de cuándo la idea a la que está dando forma es “suficiente” (en comparación con otras, tanto propias como ajenas).

Todo sería lógicamente mucho más simple si el proceso creativo, ese que se enreda a menudo como una hidra al pescuezo de los profesionales de la creatividad, fuera una línea recta, donde tanto el inicio como el final están meridianamente claros, explica Andrew Boulton en un artículo para The Drum.

Lejos de ser una línea recta, desarrollar una idea creativa es cómo deambular (henchidos de alcohol para colmo de males) por los jardines traseros de nuestros vecinos. Saltamos vallas (con más torpeza que presteza), nos arrastramos por los setos y nos deslizamos por los toboganes que salen a nuestro paso. Lógicamente no hay horario para semejante aventura (ni tampoco avisos de que ha llegado el momento de concluirla).

En la creatividad lo “suficiente” transcurre por un sendero serpenteante en el que el final rara vez avisa, más bien al contrario, puesto que tiene la fea costumbre de hacerse el escurridizo.

Cuando los creativos hincan el diente a la creatividad, el final queda a veces lejos, en otros casos les pisa los talones (hasta echarles casi el aliento encima).

Enfrentados a la a menudo escurridiza creatividad los creativos hacen valer dos instintos: el de proteger la idea que ha germinado en sus cabrzca, o el de dar a la idea de marras patadas en las espinillas.

Y en función del instinto elegido afloran dos resultados distintos. En el primero de los casos el creativo se las ingenia para demostrar la supremacía de la idea original y en el segundo la idea primigenia es suplantada por otra mejor.

Pero a este mágico momento el creativo sólo es capaz de llegar si sabe exactamente cuándo la idea que ha metido previamente en el horno está suficiente “cocida”.

En el ejercicio de su trabajo los creativos deben ser simultáneamente héroes y villanos, alumbrar ideas y pegarles al mismo tiempo un tiro en la nuca. ¿El último objetivo? Dar caza a la etérea y difícilmente aprehensible idea de lo "suficiente" (que lamentablemente jamás va acompañada de luces de neón).

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