Tendencias en Marketing

Cómo llena el consumidor el estómago durante la cuarentena

Comer, beber, confinarse: así influye el COVID-19 en los hábitos de consumo de la gente

Durante la cuarentena impuesta por el coronavirus ha aumentado notablemente el consumo de comida enlatada y sopas de sobre, productos hasta hace no mucho "demodé".

coronavirus

Autora de la imagen: Sophie Elliot

En los tiempos inciertos que corren, aquellos a los que nos ha abocado el coronavirus, pasear por el supermercado se ha convertido en una investigación de mercados en toda regla. Basta con mirar la estanterías y comprobar cuáles están más despobladas para constatar qué productos abren más el apetito del consumidor durante la cuarentena.

Y parece que los alimentos que tan en boga estaban antes de que el COVID-19 irrumpiera en nuestras vidas (las viandas bajas en carbohidratos, los comestibles ricos en proteínas alternativas y los productos frescos) desempeñan un rol escasamente relevante en las compras de búnker que tienen lugar actualmente en los supermercados.

De acuerdo con un reciente estudio llevado a cabo en Alemania por Appinio, el 43% de los consumidores confiesa que tiene intención de hacer compras de búnker. Y más de la mitad de los consumidores que incurrirán en esta práctica apilarán en los carritos de la compra alimentos que duren hasta diez días.

Productos a los que los consumidores endilgaban hasta hace poco la etiqueta de "anticuados" como la comida enlatada y la sopa de sobre están resucitando gracias al coronavirus.

De acuerdo con datos manejados por GfK, la venta de sopas preparadas escaló un 112% durante los últimos días en tierras alemanas, según recoge W&V.

La venta de comida en lata se ha disparado asimismo durante los últimos días. El consumo pescado en lata y de fruta enlatada ha protagonizado un incremento del 70%. Y aún mejor les está yendo a las verduras enlatadas, cuyas ventas ha aumentado nada más y nada menos que un 80%.

Parecían "muertas", pero el COVID-19 resucitó la comida enlatada y las sopas de sobre

Ha salido asimismo reforzada de la pandemia del coronavirus la pasta, cuyo consumo ha crecido un 73% en los últimos días.

En términos generales los retailers con el foco puesto en los alimentos vieron la semana pasada cómo aumentaban en un 14% sus ventas en todas las categorías de producto.

Mientras los ganadores en la categoría de alimentos y bebidas son la pasta, las harinas, los productos enlatados y los comestibles congelados, las bebidas alcohólicas (la cerveza en particular) se están revelando como las grandes perdedoras.

La crisis del COVID-19 se lo está poniendo, de hecho, extraordinariamente difícil a la que se precia de ser la empresa cervecera más grande del mundo, AB InBev, a la que están adscritas marcas como Budweiser, Stella Artois o Corona.

De todos modos, las compras de búnker (y los alimentos a ellos solapadas) varían ostensiblemente de un país a otro. En Holanda, por ejemplo, en cuanto se conoció que las autoridades iban a clausurar las cafeterías, largas colas de consumidores se apostaron a las puertas de estos establecimientos. En cambio, en Francia ha aumentado notablemente la venta de condones y vino tinto.

Según un informe de Nielsen, las hábitos de consumo cambian también de manera notable en función de la etapa en la que se encuentra en cada país la crisis del coronavirus.

En la primera fase, aquella en la el consumidor busca cuidar de manera proactiva su propia salud, se incrementa la venta de aquellos productos que coadyuvan al bienestar general del individuo.

Ya en la segunda etapa, en la que la gente se preocupa de manera reactiva por su propia salud, el consumidor prioriza aquellos productos esenciales para contener el coronavirus como las mascarillas y los geles higienizantes.

En la tercera fase, la de la preparación de la despensa, el consumidor arroja en el carrito de la compra alimentos no perecederos y con el foco puesto en la higiene y la salud.

Llegados a la cuarta etapa, la de la preparación para la cuarentena, se incrementan las compras online y se reducen las visitas a las tiendas físicas, cuyas estanterías comienzan a quedarse vacías de ciertos productos.

En la quinta fase, la del confinamiento, las visitas a las tiendas están restringidas, el e-commerce sufre asimismo restricciones y aumentan los precios de algunos productos, aquellos de los que hay menos existencias.

Cuando el consumidor llega a la sexta y última etapa, que implica regresar a la vida normal, se retoman las rutinas pretéritas, que están, no obstante, impregnadas de mucha más cautela que antes en relación con la salud.

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