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Cómo ser más creativo (según la ciencia)

Cómo despertar al gigante (amodorrado) de la creatividad con la ayuda de la ciencia

creatividadLa creatividad puede tomar múltiples formas (un cuadro de Vincent van Gogh o la teoría de la relatividad de Albert Einstein, por ejemplo) y en todas sus variantes nace del fecundo vientre de la imaginación.

Es la imaginación la que hace avanzar al ser humano como especie y la que hace posible el nacimiento de nuevas ideas, invenciones y descubrimientos.

Pero, ¿cómo podemos dar fuelle a la imaginación que habita en nuestras entrañas? ¿Es susceptible realmente la imaginación de ser entrenada?

La ciencia ha hallado unas cuantas respuestas a estas preguntas (tomando como referencia los diferentes tipos de imaginación). Y estas que recoge a continuación Business Insider son algunas de esas respuestas:

Imaginación creativa

La imaginación creativa es la creatividad con mayúsculas (la asociada a las artes o a los descubrimientos científicos verdaderamente rompedores). Y es diferente de la creatividad cotidiana, la misma que nos permite alumbrar soluciones imaginativas para solventar problemas de la vida diaria.

Aunque es cierto que algunos individuos son dueños de personalidades más creativas que otros, la ciencia ha llegado a la conclusión de que la imaginación de tipo creativo es en gran parte deudora del ambiente y del trabajo (en el que hay involucrados sangre, sudor y lágrimas).

Hay, por ejemplo, estudios experimentales que demuestran que los niños que interactúan con contenidos creativos o que están rodeados de personas altamente creativas terminan desarrollando también el músculo de la creatividad.

Más allá de la atmósfera a la que está expuesta nuestra imaginación creativa, ésta se beneficia también notablemente de la experiencia y del trabajo duro. Cuanto más tiempo hayamos invertido trabajando en un determinado campo, más fácil lo tendremos para engendrar de manera intuitiva nuevas ideas y también para poner nombre y apellidos a la mejor de tales ideas.

Imaginación fantástica

Para algunas personas la habilidad para zambullirse en las ideas es absolutamente vital para llevar a buen puerto un proyecto creativo. Esa habilidad es lo que los científicos denominan “imaginación fantástica” (la que marca nuestra tendencia a tener fantasías vívidas y realistas y a ser absorbidos por universos imaginarios).

Sin embargo, y teniendo en cuenta que la imaginación fantástica nos incita a soñar despiertos y nos distrae hasta cierto punto de nuestra obligaciones diarias, este tipo de creatividad no es para algunos la más deseable.

Aun así, y aunque la creatividad fantástica tiene indudablemente su lado oscuro, en los niños está estrechamente relacionada con la imaginación creativa (la creatividad por la que todos suspiramos) y con la habilidad narrativa. En los adultos la creatividad fantástica puede además tener un efecto balsámico en la memoria y en la resolución de problemas.

Una buena manera de dar fuelle a la imaginación fantástica es (siempre según la ciencia) alentar el denominado “role playing” en los niños. De todos modos, y como nunca es tarde para dar rienda suelta a la imaginación fantástica, los cursos de interpretación pueden convertirse en nuestros perfectos aliados para alimentar la fantasía que hay agazapados en los recovecos de nuestra mente.

Imaginación episódica

La imaginación episódica es similar a la imaginación fantástica, pero hace uso predominantemente de los recuerdos reales (episódicos) a la hora de visualizar eventos, donde los detalles imaginarios (semánticos) juegan un papel únicamente secundario.

Colgándose del brazo de la imaginación episódica, la gente está mejor preparada para imaginar pasados alternativos, para aprender de sus errores y para elucubrar posibles futuros (y prepararse adecuadamente para ellos).

De acuerdo con la ciencia, la mejor manera de prepararse para el futuro es imaginar el proceso (y no el resultado) de aquello que tenemos en mente. No en vano, un informe concluye que aquellos estudiantes que imaginan los resultados que desean con la vista puesta en su propio porvenir tienen un rendimiento académico particularmente peor que aquellos que fijan la mirada en el proceso asociado al resultado que desean.

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