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7 comportamientos tóxicos que terminan haciendo malos a los jefes buenos

Tendencias en MarketingUn buen jefe puede terminar corrompiéndose tras apenas un par de comportamientos tóxicos

Así se convierten los buenos jefes en malos

7 comportamientos tóxicos que terminan haciendo malos a los jefes buenos

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra

No todos aquellos que son contemplados por sus subordinados como malos jefes responden al cliché de líder pérfido y absolutamente intratable.

Cuando evocamos la figura de un mal jefe, acude a nuestra mente la imagen de una persona hiriente, ineficaz, inútil y faltona. Sin embargo, no todos aquellos que son contemplados por sus subordinados como malos jefes responde al cliché de líder pérfido y absolutamente intratable.

Muchos líderes son catalogados como malos tras dar cuenta de apenas un par de comportamientos tóxicos, que tienen a emerger a la superficie cuando los jefes son confrontados con situaciones de estrés, frustración e inseguridad.

En este tipo de situaciones los líderes tienden a desplegar conductas potencialmente ponzoñosas que, si no se gestionan adecuadamente, corren el peligro de adjudicarles para siempre (y de manera absolutamente indeleble) la vitola de malos jefes.

Los comportamientos capaces de envenenar a ojos de sus empleados a quienes son en realidad buenos líderes son estos que disecciona a continuación Fast Company:

1. Practicar el «micromanaging»

Los jefes que incurren en el «micromanaging» creen estar ayudando a sus empleados a no perder la concentración y a gestionar adecuadamente tareas potencialmente desafiantes. Sin embargo, lo que de verdad generan en sus subalternos es frustración al sentir que sus inmediatos superiores no confían realmente en ellos.

Enfrentados a un líder que practica el «micronaging», los empleados terminan convirtiéndose en personas dependientes que aguardan a que les digan lo que tienen que hacer y que tienen miedo de actuar por sí mismas porque sienten que de ellas se espera la perfección más excelsa.

2. Reaccionar con ira y juzgar a los empleados

Puesto que se consideran unos apasionados de su propio trabajo, algunos líderes creen que la ira puede ser a la mejor respuesta a los errores cometidos por sus empleados.

Las reacciones coléricas de los jefes hacen que sus empleados terminen rehuyendo la confrontación con ellos, que oculten a sus ojos hasta los errores más nimios y que eviten hacerles llegar su «feedback» de naturaleza crítica (aun cuando ese «feedback» sea vital para la toma de decisiones por parte de los líderes).

3. Preocuparse solo por los resultados y desdeñar a las personas

En su afán por obtener resultados, los líderes se olvidan a menudo de que son subalternos son personas y obvian procurarles un trato genuinamente humano.

Sin embargo, si los trabajadores sienten que sus superiores no se preocupan por ellos, estos evitarán también preocuparse por los objetivos de sus jefes y se esforzarán más en parecer productivos que en hacer de verdad lo correcto.

4. No reforzar el rendimiento en positivo de los empleados

Algunos líderes están convencidos de que los equipos a su cargo conocen sus propias fortalezas y no necesitan que estas sean reforzadas porque sus subordinados deberían estar intrínsecamente motivados por aquello que hacen.

Nada más lejos de la realidad porque los empleados a los que sus jefes no reconocen sus logros terminan perdiendo la motivación para esforzarse aún más o ayudar a sus colegas.

5. Evitar hacer llegar «feedback» de naturaleza negativa a los empleados

Algunos jefes evitan confrontar a sus empleados con «feedback» negativo escudándose en que no tienen tiempo y procurando soluciones ellos mismos a aquello que no les complace del trabajo de sus empleados.

Cuando un jefe evita hacer llegar críticas a sus empleados, estos saben que su superior no está del todo satisfecho con su trabajo, pero no saben exactamente qué han hecho mal.

A los empleados les gusta que sus superiores directos inviertan tiempo en ellos para ayudarlas a aprender y a crecer aun cuando ello implique críticas.

6. Ignorar las sugerencias de los empleados

Los trabajadores cuyas sugerencias son castigadas con la indiferencia por parte de sus jefes están más predispuestos a menguar su «engagement» en el trabajo.

7. No lidiar adecuadamente con un empleado tóxico o poco productivo

Los jefes evitan a menudo lidiar con quienes ocasionan problemas en su equipo poniendo como excusa que necesitan sus fortalezas y que están dando en realidad cuenta de pequeñas mejoras en su comportamiento.

Obviar este tipo de situaciones es, no obstante, potencialmente muy problemático, puesto que quienes sufren de manera directa los dislates de un compañero tóxico terminan sintiéndose defraudados por su superior directo y pueden acabar cometiendo también pequeñas transgresiones como una forma de rebelarse contra la inacción de su superior.

 

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