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Las ventajas y las desventajas de los CEOs que son estrellas

Con un CEO que va de "estrellón" al mando las empresas o brillan o se estrellan

Los CEOs con el estatus de estrellas bendicen a las empresas que lideran con toda una miríada de beneficios, pero también las ponen en peligro.

CEOLos CEOs con estatus de estrellas pueden ser extraordinariamente beneficiosos para las empresas, que lo tienen así más fácil para atraer tanto el capital como el talento. Sin embargo, los CEOs ungidos con la coletilla de "estrellones" pueden ser también muy peligrosos.

Un ejemplo de la dualidad (benefactora y perversa) que porta en sus entrañas este tipo de consejero delegado es Elon Musk, el mediático y lenguaraz CEO de Tesla. Antes de que Musk se pusiera al frente en 2008 del célebre fabricante de automóviles eléctricos, Tesla había despachado apenas 200 vehículos y se estaba quedando sin fondos.

Diez años después de la entrada en escena de Musk, Tesla es capaz de sacar de sus talleres aproximadamente 5.000 coches al mes y supera en capitalización de mercado al mismísimo Ford.

En la compañía cuyos designios dirige Musk ha acumulado poder tan abundante como inusitado. Es no sólo el mayor accionista de Tesla sino que se ha posicionado también como genio visionario de cuyo inmenso talento es totalmente deudora la compañía.

Sin embargo, cuando Musk se descolgaba el pasado mes de agosto con un tuit en el que afirmaba estar dándole vueltas a la idea de sacar a Tesla de Wall Street, puso en severos aprietos a su empresa. Y tuvo que llegar a un carísimo acuerdo de 20 millones de dólares con la SEC para que su dislate tuitero no llegara a mayores.

En los CEOs que asumen deliberadamente el rol de estrellas es a menudo complicado hallar el perfecto equilibrio entre los beneficios y los riesgos con los que agasajan a las compañías que lideran.

Tal equilibrio es difícil pero no imposible y puede lograrse echando mano de las prácticas claves que disecciona a continuación Harvard Business Review:

1. Un CEO haría bien en rodearse de directores que sean verdaderamente independientes y no meramente independientes a nivel técnico. Si el CEO dispone, por ejemplo, de un “lead director”, ese “lead director” debería ser capaz de convocar a la junta directiva sin el permiso (y también sin la presencia) del consejero delegado.

2. Los directores independientes deberían reunirse regularmente en sesiones ejecutivas sin la presencia del CEO. Tales sesiones ejecutivas brindan a los directores (los verdaderamente independientes al menos) la oportunidad de abordar determinados temas sin enzarzarse en batallas (inútiles) con un CEO ofendido y enrabietado.

3. Las empresas deberían apoyar las actividades de sus CEOs que redundan de verdad en los intereses de la corporación en su conjunto y no sólo aquellas que se limitan a procurar caricias al ego del consejero delegado. Un CEO necesita estar aprovisionado de cierta pátina narcisista para encarar los retos que tiene por delante, pero cuando ese CEO se convierte en una estrella, es terriblemente fácil que su ego se descontrole.

El estrellato al que se encaraman tantísimos CEOs puede ser terriblemente problemático cuando los consejeros delegados pasan más tiempo sacando brillo a su propia reputación personal que al valor de la compañía que capitanean.

Los CEOs en los que el narcisismo se ha pasado a todas luces de rosca pierden habitualmente la capacidad de escuchar y sus hipersensibles a las críticas que llegan a sus oídos. Y son a menudo huérfanos de empatía, lo que les lleva a emprender acciones totalmente inaceptables.

4. Los CEOs que son estrellas (o se lo creen) están más predispuestos a aceptar consejos de personas que, como ellos, refulgen también como estrellas que de aquellos que son meramente expertos, puesto que están convencidos de estar pertrechados de más conocimientos que los expertos.

Un consejero delegado que peca de narcisista rara vez acepta consejos de los demás. Es más, contempla tales consejos como amenazas mortales. Y su renuencia a escuchar lo que tienen que decir los miembros de su equipo puede involucrar a las empresas que dirigen en caros y peligros litigios.

5. Es vital que las empresas no permitan que un CEO pueda evitar que su equipo implemente acciones verdaderamente positivas (para la corporación a nivel global) colgándose del brazo de las amenazas (en particular la amenaza de renunciar a su cargo).

Aunque no es necesariamente malo que un CEO se arrogue a sí mismo el estatus de estrella, es vital que éste no se posicione a sí mismo como indispensable dentro de la compañía (que se quedaría como pollo sin cabeza sin su presencia).

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