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Consumo ético y responsable, una utopía cada vez más lejos de convertirse en realidad

consumo éticoClaudia Langer es una de esas consumidoras comprometidas con el medio ambiente y el entorno que le rodea por lo que analiza detenidamente todas sus adquisiciones con el objetivo de que estas cumplan todos los estándares posibles de protección y cuidado del planeta.

Este espíritu fue el que la impulsó a funda su propio portal online con esta filosofía de negocio bajo el apropiado nombre de Utopía. Explica a sus clientes que estarían contribuyendo a salvar el planeta si eligen opciones de consumo como las que ella oferta.

Lo cierto es que su iniciativa no ha caído en saco roto. La web resulta práctica y cuenta con una base de consumidores que se encuentra en constante crecimiento pero Langer piensa que este proceso avanza de forma muy lenta tal y cómo recogen en el artículo publicado en Spiegel Online International en el que cuentan su historia.

Señala que en su lucha por un consumo responsable para ayudar al planeta se siente como si estuviese predicando a los conversos ya que tan sólo un 15% de la población está convencido de la necesidad de las compras éticas. Quiere llegar a la gran masa de consumidores pero lo cierto es que estos no están interesados.

“Mi visión utópica parte de la idea de la presión ejercida por los consumidores hacia las empresas y las acciones de las compañías para presionar a los gobiernos para cambiar las cosas. Pero al no existir una masa crítica de consumidores que aprovechen su poder, no estamos en condiciones de crear un futuro mejor para nuestros hijos” ha declarado.

Deja claro que los consumidores son “hipócritas” ya que siempre están dispuestos a levantar su dedo acusador pero en el momento de la verdad “siempre están dispuestos a pasar la pelota a otro en el momento de asumir su responsabilidad”.

Lo cierto es que antes de que los consumidores comiencen a tomar decisiones éticas en lo referente a sus hábitos de consumo, estas tienen que ser tomadas por cientos de empresas, fábricas, departamentos de marketing y cadenas de suministro.

Pero ¿realmente es esto posible? Basta con echar un vistazo a las condiciones precarias e injustas condiciones laborales que existen en muchos países del mundo para saber que la respuesta es que no. Grandes compañías recurren a mano de obra barata en países en los que los trabajadores tienen que aceptar condicionales laborales prácticamente inhumanas con interminables jornadas laborales a cambio de exiguos salarios que apenas les permiten subsistir.

El mencionado diario recoge el caso de Keal Leangky, una joven de 21 años costurera en un taller situado en Phnom Penh (Camboya). Embaraza de dos meses, fue despedida por comer un mango al final de una de sus jornadas. Sus compañeros intentaron ayudarla ante los reproches del capataz con un triste desenlace: todos acabaron en la calle.

Camboya es un claro ejemplo de las redes que muchas de las grandes industrias y compañías que en occidente presentan imágenes pulcras e impecables, tejen en esta región para ahorrar en mano de obra. El país se ha convertido en uno de los puntos más atractivos para la industria textil ya que los trabajadores pueden desarrollar jornadas de hasta 12 horas durante seis días a la semana a cambio de 100 dólares.

Este tipo de hechos cada vez están haciendo tomar más conciencia a los consumidores como es el caso del derrumbe de la fábrica de Rana Plaza en Savar (Bangladesh) hace dos años en el que murieron 1.134 trabajadores de los más de 3.000 que allí desarrollaban su labor.

Lo peor de todo es que este tipo de trágicos sucesos no han conseguido mejorar las condiciones laborales. Las empresas siguen dirigiéndose a estos países en los que la pobreza y unos gobiernos hambrientos de poder e inversiones les abren sus puertas ante una legislación y derechos en materia laboral que brillan por su ausencia. Un círculo que no parece encontrar un final por lo que la verdadera pregunta es si realmente interesa el consumo ético y responsable. La respuesta puede que no nos guste.

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