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Por qué el futuro no es tan abracadabrante como lo pintan tras la pandemia

El coronavirus, un indómito incendio forestal que regenera el bosque de nuestro propio futuro

"El COVID-19, como toda crisis, actúa como un incendio forestal que, pese a carbonizarlo todo, termina dando paso a nueva vida", asegura el futurista Matthias Horx.

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Autora de la imagen: Ingrid Emaga

El mundo que conocíamos se está disolviendo como un azucarillo ante nuestras retinas (petrificadas por los abracadabrantes acontecimientos de los que están siendo testigos en los últimos meses).

Si embargo, puede que el viejo mundo precovid se esté resquebrajando a una velocidad absolutamente vertiginosa, pero simultáneamente un nuevo mundo (no necesariamente peor) está emergiendo a la superficie.

En torno al nuevo mundo que está saliendo silenciosamente del cascarón en estos momentos ha pivotado la ponencia que el futurista y analista alemán de tendencia Matthias Horx ha pronunciado hoy en la jornada Innovation Day de la agencia Serviceplan.

"Confrontados con la crisis del coronavirus, muchos han creído estar mirando a los ojos al apocalipsis, pero lo cierto del vientre del apocalipsis emergen también nuevas ideas extraordinariamente fértiles", enfatiza Horx.

"No estamos ante el apocalipsis, estamos ante un nuevo comienzo", asegura. "La pandemia ha obrado cambios en nuestro interior y cuando cambiamos por dentro, cambia también el futuro", añade.

Pese a los funestos presagios que carga sobre los hombros, el COVID-19 nos ha obligado también a hacer un viraje en nuestra manera de vivir, que quizás no era la más óptima. "Nos hemos visto forzados a establecer una nueva relación con el mundo y con nosotros mismos", apunta.

Como toda crisis, la crisis del coronavirus no ha hecho sino "acelerar ciertas tendencias que ya estaban entre nosotros y quebrantar aquellas tendencias que estaban próximas a su fecha de caducidad", explica.

Del vientre de toda crisis emerge una suerte de renacimiento 

Además, debemos tener en cuenta que la crisis no solo ha elevado a los altares lo digital, también ha dado fuelle a lo analógico. "Ahora hablamos más por teléfono con nuestros amigos y familiares, leemos más libros y pasamos más tiempo con nuestro núcleo familiar más cercano", apunta Horx. "Hemos conseguido hacer trizar la denominada alienación digital para inaugurar una nueva era 'real-digital'", apostilla.

El coronavirus ha abierto la espita del futuro para que los repensemos y repensar nuestro propio porvenir implica hablar de relaciones, de las relaciones entre personas, entre mercados y de la gente con la naturaleza, señala el futurista. "Es preciso repensar asimismo los productos que arrojamos en el carrito de la compra y reflexionar sobre su propósito y su razón de ser", subraya.

Del análisis de todas y cada una de esas relaciones brotarán decenas de cambios (no necesariamente negativos) en la economía, en la política (que será quizás menos deudora de los populismos), en los medios (donde las "fake news” languidecerán posiblemente porque la verdad será más vociferante que nunca) y en nuestra manera de vivir (mudándonos de la ciudad del campo o viviendo en grandes urbes como si lo hiciéramos en pequeñas aldeas).

"Las crisis se traducen muy a menudo en un renacimiento. Nos damos cuenta de repente de que no podemos seguir haciendo lo que hacíamos en el pasado y tenemos que reinventarnos", asevera Horx.

"El COVID-19, como toda crisis, actúa como un incendio forestal que, pese a carbonizarlo todo, termina dando paso a nueva vida", señala. "Y quienes no tengan el valor de arder en llamas para reinventarse, desaparecerán lamentablemente", agrega.

Debemos repensar el futuro apoyándonos en el presente

Actualmente, y si posamos la mirada en la economía, tienen que reinventarse de manera urgente industrias como la automovilística, el turismo y el ramo de la aviación comercial.

El coronavirus traerá muchos cambios bajo el brazo, pero uno de los más importantes será probablemente la amalgama de globalización y localización. "Seguimos en un mundo globalizado, pero ahora más que nunca prestamos muchísima atención al origen de los productos y servicios que compramos", dice Horx.

Afrontar el futuro, ese que tan funesto nos parece a bote pronto, es una cuestión de creencia y percepción. Y para percibir el futuro de manera menos aciaga, "debemos viajamos al futuro con la vista puesta en el presente", apunta Horx. Si tomamos el presente como trampolín para posar los ojos en el porvenir, nuestros pronósticos no estarán necesariamente preñados de terror, afirma.

Si invertimos nuestra manera de pensar en el futuro, nos damos cuenta, por ejemplo, de que la tecnología no nos desposee de nuestra propia humanidad, sino que, de hecho, la protege. "¿Acaso no nos protegen las mascarillas?", se pregunta Horx.

"La humanidad está abocada realidad a tener un papel protagonista en nuestro futuro", señala el futurista. Y para encarar el futuro "necesitamos aprovisionarnos sobre todo y ante todo de confianza y no tanto de esperanza, cuya naturaleza es mucho más pasiva. Si nos convencemos de que somos responsables de nuestro propio futuro, éste no tiene por qué ser trágico. Es todo una cuestión de percepción", concluye.

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